domingo, 4 de junio de 2017

LA TRIADA SUPERIOR

CONFERENCIA SOBRE OCULTISMO PRACTICO

sábado, 18 de marzo de 2017

EL BUDISMO Y LA FILOSOFIA ESOTERICA

EL BUDISMO Y LA FILOSOFIA ESOTERICA

Son unos ignorantes aquellos que, en su ciego y hoy día intempestivo odio al Buddhismo, y por reacción al Budhismo, niegan sus enseñanzas esotéricas que son también las de los brahmanes, simplemente porque el nombre les sugiere lo que para ellos, como monoteístas, son doctrinas perniciosas. Ignorantes, es el término correcto que debe emplearse para su caso, puesto que la Filosofía Esotérica es la única capaz de resistir en esta época de  materialismo craso e ilógico, los ataques repetidos a todo cuanto el hombre tiene por más querido y sagrado en su vida espiritual interna. El verdadero filósofo, el estudiante de la Sabiduría Esotérica, pierde por completo de vista las personalidades, las creencias dogmáticas y las religiones especiales. Además, la Filosofía Esotérica reconcilia todas las religiones, despoja a cada una de ellas de sus vestiduras humanas exteriores, y demuestra que la raíz de cada cual es idéntica a la de las demás grandes religiones.

Ella prueba la necesidad de un Principio Divino y Absoluto en la Naturaleza.
Ella no niega la Deidad como no niega el Sol. La Filosofía Esotérica jamás ha rechazado a Dios en la Naturaleza, ni a la Divinidad como al Ente abstracto y absoluto.
Rehúsa únicamente aceptarlos dioses de las llamadas religiones monoteístas; dioses creados por el hombre a su propia imagen y semejanza, caricaturas impías y miserables del Siempre Incognoscible.

Por lo demás, los archivos que vamos a presentar al lector, abrazan los principios esotéricos del mundo entero, desde el principio de nuestra humanidad; y en ellos el ocultismo Buddhista ocupa su lugar correspondiente, y no más.
A la verdad, las porciones secretas del Dan o Janna (Dhyâna) [Dan, en la moderna fonética china y tibetana Chhan, es el nombre general de las escuelas esotéricas y su literatura. En los antiguos libros, la palabra Janna se define como “la reforma de uno mismo por medio de la meditación y el conocimiento un segundo nacimiento interno. De aquí Dzan Djan fonéticamente, el libro de Dzyan.] de la metafísica de Gautama, por grandes que aparezcan a los que no están enterados de los principios de la Religión de la Sabiduría de la antigüedad, constituyen tan sólo una pequeña porción del total.
El Reformador indo limitó sus enseñanzas públicas al aspecto puramente moral y fisiológico de la Religión de la Sabiduría, a la ética y al hombre únicamente. Las cosas “invisibles e incorpóreas”, el misterio del Ser fuera de nuestra esfera terrestre, no fueron tratados en manera alguna por el gran Maestro en sus enseñanzas públicas, reservando las verdades ocultas para un círculo selecto de sus Arhats. Estos últimos recibían la iniciación en la famosa Cueva Saptaparna (la Sattapanni de Mahâvansa) cerca del Monte Baibhâr (el Webhára de los manuscritos palis). Esta cueva estaba en Râjâgriha, la antigua capital de Magadha, y era la Cueva Cheta de Fa-hian, como justamente sospechan algunos arqueólogos. [Mr. Beglor, ingeniero jefe en Buddha Gâya y arqueólogo distinguido, fue el primero en descubrirla, según creemos.]
El tiempo y la imaginación humana disminuyeron la pureza y la filosofía de estas enseñanzas, cuando, durante el curso de su obra de proselitismo, fueron trasplantadas del círculo secreto y sagrado de los Arhats, a un suelo menos preparado para las concepciones metafísicas que la India; o sea, en cuanto fueron llevadas a China, Japón, Siam y Birmania. La manera como fue tratada la prístina pureza de estas grandes revelaciones, puede verse estudiando algunas de las llamadas escuelas buddhistas “esotéricas” de la antigüedad en su aspecto moderno, no solamente en China y en otros países buddhistas en general, sino hasta en no pocas escuelas del Tíbet, abandonadas al cuidado de Lamas no iniciados y de innovadores mongoles.
Así es, que el lector debe tener presente las muy importantes diferencias que existen entre el Buddhismo ortodoxo, o sea las enseñanzas públicas de Gautama el Buddha, y su Budhismo esotérico. Su Doctrina Secreta no difiere, sin embargo, en manera alguna de la de los brahmanes iniciados de su tiempo. El Buddha era hijo del suelo ario, un indo, un Kshatriya, discípulo de los 96 nacidos dos veces” (los brahmanes iniciados) o Dvijas.

Sus enseñanzas, por tanto, no podían ser diferentes de las doctrinas de  aquéllos, pues toda la reforma buddhista consistió sencillamente en revelar una parte de lo que había permanecido secreto para todos los hombres que estaban fuera del “círculo encantado” de los iniciados del Templo y de los ascetas.
No pudiendo, por razón de sus votos, enseñar todo cuanto le había sido comunicado, y a pesar de que Buddha enseñó una filosofía fundada en la base del verdadero conocimiento esotérico, participó al mundo únicamente el cuerpo material externo de aquélla, y guardó su alma para sus elegidos. Muchos orientalistas que se dedican al chino, han oído hablar de la “doctrina del alma”. Ninguno parece haber comprendido su verdadera significación e importancia.
Aquella doctrina fue conservada en secreto, en demasiado secreto quizás, dentro del santuario. El misterio que envolvía su dogma principal y sus aspiraciones más exaltadas, el Nirvâna, ha llamado e irritado tanto la curiosidad de los sabios que lo han estudiado, que siendo incapaces de resolverlo de una manera lógica y satisfactoria desatando el nudo

Gordiano, han preferido cortarlo, declarando que el Nirvâna significa la absoluta aniquilación.

Tomado de:  LA DOCTRINA SECRETA DE LAS ERAS ARCAICAS.
H.P. Blavatsky

jueves, 6 de octubre de 2016

EL PRALAYA DE LA CIENCIA MODERNA

EL PRALAYA DE LA CIENCIA MODERNA
Blavatsky

Si la ciencia tiene razón, entonces, el futuro de nuestro sistema solar y, consecuentemente, de lo que llamamos universo, depara muy poca esperanza o consuelo a nuestra posteridad. Dos de sus paladines: el señor Thompson y el señor Klansius han alcanzado, simultáneamente, la opinión conclusiva según la cual el destino del universo consiste en una completa destrucción que acontecerá en un futuro no muy remoto. De igual parecer son las teorías de varios astrónomos, las cuales describen el gradual congelamiento y la disolución final de nuestro planeta usando términos casi idénticos a los que empleaban los hindúes más grandes y aún algunos sabios griegos. Casi se podría pensar que estamos leyendo nuevamente a Manu, Kanada, Kapila y a otros. Lo que sigue son algunas de las teorías más inéditas de nuestros pandits occidentales.

Nuestros científicos nos informan que: "Todas las masas ponderables que deben haberse separado al momento de la evolución o en la primera aparición en la tierra de la masa primordial de materia se reunirán, nuevamente, en un cuerpo celestial gigantesco e infinito. Todo movimiento visible en esta masa se detendrá y sólo la moción molecular permanecerá, esparciéndose, equitativamente, a través de todo este cuerpo voluminoso como calor." El atomista Kanada, el antiguo sabio Hindú, dijo: "En la creación dos átomos empiezan agitándose hasta que, al final, se separan de su unión previa cohesionándose después, formando una nueva substancia que posee las cualidades de las cosas desde las cuales surgió."

Lohschmidt, el profesor austríaco de matemáticas y astronomía y Proctor, el astrónomo inglés, al tratar el mismo tema han llegado a otra concepción diferente sobre la causa productora de la futura disolución del mundo. La atribuyen al lento y paulatino congelamiento del sol, cuyo corolario final es la extinción venidera de este globo. Entonces, todos los planetas, siguiendo a la ley de gravitáción, se estrellarán en el astro inanimado y frío, fundiéndose con él y formando un cuerpo gigantesco. Si esto aconteciera, dice el sabio alemán y si tal período iniciara, es imposible que dure para siempre; ya que no sería un estado de equilibrio absoluto. Durante un período maravilloso, el sol, endureciéndose gradualmente, seguirá absorbiendo el calor radiante del espacio universal concentrándolo a su alrededor.

Escuchemos al profesor Tay con respecto a este asunto. Según su opinión, el congelamiento total de nuestro planeta implicaría la muerte segura. La vida animal y vegetal que, antes del evento, se habrá trasladado de las áreas norteñas y ya congeladas hacia el ecuador, al final desaparecerá para siempre del haz del globo sin dejar atrás ningún vestigio de su existencia. La tierra se encontrará envuelta en un frío intenso y en las tinieblas. El actual movimiento atmosférico incesante se habrá convertido en el silencio y en el reposo completo. Las últimas nubes habrán derramado sobre el globo las últimas aguas. El curso de los arroyos y de los ríos, destituido de su vivificador y motor: el sol, se paralizará y los océanos se congelarán en una masa. Nuestro globo no tendrá otra luz que el ocasional brillo de las estrellas fugaces que aún no habrán cesado de internarse en nuestra atmósfera, inflamándose. Quizá, también el sol, bajo la influencia del cataclismo de la masa solar, exhibirá, momentáneamente, algunas señales de vitalidad. Así, la luz y la vitalidad volverán a penetrarlo por un breve lapso, sin embargo, la reacción se restablecerá indefectiblemente y el sol, impotente y moribundo, se apagará, esta vez para siempre. Tal cambio fue observado y en realidad aconteció, en el período de congelamiento de las constelaciones del Cisne, de la Corona y del Ofiuco, ahora extintas. El mismo destino se depara para todos los otros planetas, los cuales, entretanto, obedeciendo a la ley de inercia, seguirán circunvalando al sol muerto [...]. Después, el docto astrónomo retrae el último año del globo moribundo, empleando las mismas palabras que un filósofo hindú usó para describir el Pralaya: "El frío y la muerte soplan del polo norte esparciéndose a lo largo de toda la superficie terrestre cuyos nueve décimos ya han cesado de vivir. La vida, casi imperceptible, se ha concentrado toda en su corazón, el ecuador, en las pocas regiones restantes aún habitadas y donde reina una confusión completa de lenguas y nacionalidades. Muy pronto, a los representantes sobrevivientes de la raza humana se unen las especies  animales más grandes que el intenso frío condujo a esta faja de tierra. Un objetivo, una aspiración, acopia esta masa variada de seres: la lucha por la vida. Grupos de animales, sin distinción de género, se amontonan en una horda esperando encontrar un poco de calor en los cuerpos que se congelan rápidamente. Las serpientes no conminan más con sus falanges venenosas ni los leones y los tigres con sus garras puntiagudas. Todo lo que cada uno de ellos pide es la vida y solamente la vida ¡la vida hasta el último minuto! Al final, sobreviene el último día y los pálidos y moribundos rayos solares iluminan la siguiente escena tétrica: ¡ los cuerpos congelados de los últimos de la familia humana, muertos por el frío y la carencia de aire en la ribera de un mar inmóvil que está congelándose rápidamente! [...]

Las palabras podrán no corresponder, precisamente, con las del erudito profesor; ya que se extrajeron de apuntes sentados en un idioma extranjero, pero las ideas son, literalmente, las suyas. La imagen es realmente tétrica, sin embargo, las ideas basadas sobre deducciones matemáticas no son nuevas y un autor hindú de la era precristiana describe la misma hecatombe según lo presenta Manu en un idioma muy superior a éste. Invitamos al lector a comparar y al hindú a discernir, en esto, una ulterior corroboración de la gran sabiduría y saber de sus antepasados que anticiparon las investigaciones modernas en casi todo campo.

"Se oyen ruidos extraños proceder de cada punto [...] Son los precursores de la Noche de Brahma. El crepúsculo se eleva en el horizonte y el sol desaparece [...] Paulatinamente, la luz empalidece, el calor disminuye y en la tierra se multiplican los lugares inhabitables, el aire se hace más y más enrarecido. Las fuentes acuíferas se secan, los grandes ríos ven sus olas agotarse, el océano enseña su abismo arenoso y las plantas mueren. [...] La vida y el movimiento pierden su fuerza, los planetas gravitan en el espacio con dificultad, extinguiéndose uno a uno [...] Surya (el Sol), flamea y se  apaga. La materia cae en disolución y Brahma (la fuerza creativa), se funde nuevamente en Dyaus, el no revelado, el cual, habiendo cumplido con su tarea, duerme. [...] ¡Ha llegado la noche para el Universo!" (Vamadeva).

(The Pralaya of Modern Science,  The Theosophist, oct. 1880)


ISIS SIN VELO Y EL VISISHTADWAITA

ISIS SIN VELO Y EL VISISHTADWAITA

Blavatsky


CORRESPONDENCIA


Señor, en el número de Octubre de nuestra revista, "R.P." trata de probar que en el libro "Isis sin Velo" enseñé, sustancialmente, la doctrina Visishtadwaita; sin embargo discrepo con este punto de vista. Estoy consciente del hecho de que "Isis sin Velo" dista mucho de ser la obra completa que hubiera podido resultar si el mismo material lo hubiese redactado una persona más erudita. Vale la pena agregar que como trabajo literario carece de simetría y, quizá, de vez en cuando, de exactitud. Pero tengo algunas excusas para todo esto: fue mi primer libro en un idioma que no era mi lengua madre y, por lo tanto, no tenía la costumbre de escribir en él. Además, el inglés era un idioma con el cual, ciertos filósofos asiáticos que me auxiliaron, tenían muy poca familiaridad y, finalmente, elCoronel Olcott, que revisó el manuscrito, colaborando desde el principio, en 1875-1876, ignoraba, casi por completo, la Filosofía Aria y, por lo tanto, no podía detectar ni rectificar, los errores que yo podía fácilmente cometer cuando expresaba mis pensamientos en inglés. No obstante lo antedicho, opino que la crítica de "R.P ." es errónea.
Si me equivoqué porque no enfaticé la distinción entre un Dios Impersonal o Parabrahm y un Dios Personal, tampoco me confundí al grado de que permuté, completamente, el uno por el otro. Las páginas 2, 216-17 del primer volumen de Isis sin Velo y la 153 del segundo volumen (versión inglesa original), de las cuales se vale "R.P." en su crítica, no representan mi doctrina; sino las ideas de otros autores. Las primeras dos son una cita entresacada de Manu, mostrando la respuesta que un brahman y un budista letrados darían a la afirmación del profesor Max Müller, según la cual, Moksha y Nirvana significan aniquilación. Mientras en la página 153 del segundo volumen, se encuentra una defensa y una explicación del sentido esotérico de la Biblia, desde el punto de vista de un místico cristiano. Es obvio que esto tendría visos de Visishtadwaítismo que, análogamente al Cristianismo, adjudica atributos personales al Principio Universal. En lo que concierne al prefacio de la página 2, podemos decir que, aun cuando se lee literalmente, refleja sólo mi opinión personal y no la Doctrina Esotérica. Siendo una  escéptica en mi juventud, busqué y obtuve, mediante los Maestros, la plena confirmación de la existencia de un principio, (no un Dios Personal), "un océano ilimitado e insondable" del cual mi "alma" era una gota. Al igual que los Adwaitas, no hice ninguna distinción entre mi Séptimo Principio y el Espíritu Universal o Parabrahm, ni creo en un espíritu individual recluído dentro de mí, como algo separado del entero. Como prueba de lo antedicho, lean mi observación sobre "la omnipotencia del espíritu inmortal del ser humano", la cual sería un absurdo lógico si se basara en alguna teoría de separación egoísta. El error que cometí fue que, en toda la obra usé, indistintamente, la palabras Parabrahm y Dios para expresar la misma idea: seguramente un pecado venial, cuando uno se percata de lo limitado que es el idioma inglés, al grado de que, aun ahora, estoy usando una palabra sánscrita para expresar una idea y el inglés para otra. Que sea Adwaita ortodoxo o no, como ocultista y valiéndome de la autoridad de la Doctrina Secreta, sostengo que el espíritu del ser humano, aun cuando se sumerge enteramente en Parabrahm y aunque no sea individual por sí, preserva su individualidad distinta en Paranirvana, debido a la acumulación de los agregados o skandhas que han sobrevivido de las facultades superiores de Manas después de cada fallecimiento. Después de la muerte de cada personalidad a lo largo de las líneas de renacimientos, las aspiraciones más espirituales, es decir, superiores y más divinas de cada personalidad, siguen a Buddhi y al Séptimo Principio en Devachan (Swarga), convirtiéndose en parte integrante de la Mónada. La personalidad desaparece, disipándose antes de que ocurra la evolución de la nueva personalidad que sale del Devachan, renaciendo; sin embargo, la individualidad del espíritu-alma (ay y de nuevo ay, ¡qué se puede hacer con este inglés!), se preserva hasta el final del gran ciclo (Maha-Manwantara), cuando cada Ego entra en Paranirvana o se sumerge en Parabrahm. Para nuestra comprensión de talpas, el espíritu humano se pierde, entonces, en el Espíritu Uno, así como la gota de agua en el océano no se puede detectar ni recuperar. En efecto no es así en el mundo del pensamiento inmaterial, cuya relación con el pensamiento humano dinámico es comparable al poder visual del microscopio más poderoso concebible y la vista de un ser semiciego. Sin embargo, este es un símil muy insuficiente; ya que la diferencia es inexpresable en términos de sistema métrico. A pesar de lo largo que la "noche de Brahma" o aun el Pralaya Universal (no el local, que afecta sólo a un grupo de mundos) pueda ser, cuando ésta termine, la misma Mónada individual Divina vuelve a empezar su majestuoso sendero evolutivo, aunque en una cadena de tierras superiores y cien veces más perfecta y más pura que anteriormente, llevando consigo toda la esencia de las espiritualidades compuestas por sus previos e innumerables renacimientos. Por lo tanto: lo antedicho demuestra que estos "espíritus" o unidades Parabrhámicos y Paranirvánicos tienen y deben conservar sus individualidades divinas y (no humanas).
No hay que olvidar que la evolución espiral es dual y que el sendero de la espiritualidad gira, como un sacacorchos, dentro y alrededor de la evolución física, semifísica y suprafísica. Me estoy enfrascando en detalles que es mejor dejarlos a la plena consideración que su importancia se merece y que le otorgaremos en mi inminente libro: "La Doctrina Secreta".


Publicado originalmente en “The Theosophist” de Enero 1886



miércoles, 5 de octubre de 2016

EL ÁRBOL SAGRADO DE KUM BUM

EL ÁRBOL SAGRADO DE KUM BUM

Blavatsky


Reivindicando la veracidad de lo que dijo el Abate Huc, que fue puesto en entredicho por un visitante más reciente del monasterio de Kum Bum, Huc un misionero Lazarista, en su Viajes en la Tartaria, el Tibet y la China; escribió que había visto aparecer caracteres tibetanos perfectos en las hojas de un Árbol que, según la leyenda,  había brotado de la cabellera de Tsong-ka-pa, HPB puntualiza que las inscripciones que crecían en las células y en los tejidos de las hojas eran en Sensar.


El Arbol Sagrado de Kum Bum
                       
         Hace 37 años, dos misioneros lazaristas valientes, miembros de la Misión Católica Romana establecida en Pekín, emprendieron la hazaña desesperada de penetrar en el territorio del Tibet, llegando hasta Lhassa, para predicar el cristianismo entre los budistas sumidos en la ignorancia. Se llamaban Huc y Gabet; la narrativa de su viaje muestra su valentía y entusiasmo extremos. El volumen más interesante apareció en París, hace más de 30 años y, desde entonces, se tradujo al inglés dos veces y, quizá, a otros idiomas. En esta coyuntura no nos importan sus méritos generales; sino que limitaremos nuestra consideración a la parte del libro ( Vol. II, pago 84, de la edición americana de 1852) donde el autor, Huc, describe el maravilloso
"Arbol de las diez mil Imágenes", que ellos vieron en la Lamasería o Monasterio de Kum Bum o Koun Boum.

Huc nos dice que, según la leyenda tibetana, cuando la madre de Tsong-Ka-pa, el famoso reformador budista, lo entregó a la vida religiosa, siguiendo la tradición: "cortó su pelo y lo arrojó. Donde cayó, nació un árbol, cuyas hojas llevaban inscritos caracteres tibetanos." La traducción inglesa de Hazlitt (Londres 1856) es más literal (aunque no sea la exacta) versión del original. Sin embargo, hemos entresacado (Pag.324-6.) los siguientes particulares interesantes:

Sobre cada una de las hojas, transpiraban caracteres tibetanos bien formados. Todos eran verdes, algunos más oscuros y algunos más claros que la hoja misma. Nuestra primera impresión fue sospechar un fraude por parte de los Lamas; pero, al examinar minuciosamente todo detalle, no pudimos descubrir el más mínimo engaño. A nuestro juicio, todos los caracteres nos parecieron parte integrante de la hoja, recorridos por las mismas venas y nervios. La posición no era la misma en todas. En unas hojas los caracteres se encontraban en la parte superior, en otras en el medio y, en otras más, en la base o a un lado. Las hojas más jóvenes representaban los caracteres sólo en un estado de formación parcial. También la corteza y las ramas, que se parecen a las de un árbol ordinario, están cubiertas con estos caracteres. Si se remueve un trozo de la vieja corteza, la nueva, que está detrás, exhibe los bosquejos individuales de los caracteres en un estado embrionario y, lo que es particular, a menudo, estos nuevos caracteres son distintos de los que remplazan. A nuestro juicio, el árbol de las Diez mil Imágenes era vetusto. Su tronco, que tres hombres casi no podían abrazar, no supera los ocho pies. Las ramas, en lugar de crecer hacia arriba, se expanden en la forma de un penacho de plumas particularmente densas, algunas están muertas. Las hojas son siempre verdes y la madera, que es de un tinte rojizo, emite un aroma exquisito, similar a la canela. Los Lamas nos informaron que, durante el verano, alrededor de la octava luna, el árbol produce flores rojas gigantescas y extremadamente hermosas.

         El mismo abate Huc, describe lo antedicho más enfáticamente.
"Estas letras son tan perfectas que los caracteres tipográficos de Didot, no tienen nada que las supere." Que el lector tenga presente tal afirmación, porque tendremos ocasión de recurrir a ella.

 El vio en las hojas, no sólo simples letras; sino: "oraciones religiosas" ¡que la naturaleza había auto impreso en la clorofila, en las células y en la fibra de madera! La superficie, interna y externa, estrato tras estrato, de las hojas, las ramitas, las ramas y del tronco, estaban inscritos por las letras maravillosas y no había dos caracteres idénticos, superpuestos. "No se imaginen que estos estratos sobrepuestos repitan la misma impresión. Al contrario; ya que, al levantar cada hoja, se nos presenta un tipo distinto. ¿Cómo es posible, entonces, sospechar un fraude? Me he esmerado, en esa dirección, para descubrir la más mínima huella de asechanza humana y mi mente, desconcertada, no pudo encontrar la más pequeña sospecha."

 ¿Quién dice esto? Un devoto misionero cristiano que fue intencionalmente al Tíbet con el objeto de probar que el Budismo era falso y el Cristianismo verdadero; por lo tanto, se hubiera aferrado, ansiosamente, a la más mínima prueba que corroborase su posición, exhibiéndola delante de los oriundos. En Tíbet, él vio otras maravillas y las describe; aunque la edición americana las omite y algunos de sus críticos ortodoxos más viscerales, las atribuyen al diablo. En Isis sin Velo, especialmente en el primer volumen, (versión inglesa), se describen y se discuten algunos de estos prodigios, tratando de mostrar su reconciliación con la ley natural.

           El tema del árbol de Kum Bum ha vuelto a nuestra mente gracias a una reseña en la revista Nature, por A. H. Keane, sobre la Relación, recientemente publicada, de Herr Kreitner, acerca de la expedición al Tíbet en 1877-80, por parte del Conde Szechenyi, un noble húngaro.

El grupo dio un paseo de Siningfu hasta el monasterio de Kum Bum: "con el propósito de verificar el relato extraordinario de Huc acerca del famoso árbol de Buda. No encontramos ninguna imagen [del Buda en las hojas] ni las letras, sino una sonrisa burlona en los labios del anciano sacerdote que nos guiaba. Al contestar a nuestras preguntas, nos dijo que, hace mucho tiempo, el árbol producía realmente hojas con la imagen de Buda; sin embargo, ahora, tal prodigio ocurría raramente. Sólo unos pocos hombres, favorecidos de Dios, tuvieron el privilegio de descubrir tales hojas."

Para este testigo, lo antes dicho es suficiente: a un sacerdote budista, cuya religión le enseña que no hay personas favoritas por algún Dios, que no existe un ser tal que llamamos Dios que otorga favores y que cada ser humano cosecha lo que siembra, ni más ni menos, se le hace decir tal insensatez. ¡Esto muestra lo que vale el testimonio de este explorador para su adorada ciencia escéptica! Sin embargo, parece que hasta el sacerdote, con la sonrisa burlona, les haya dicho que los hombres buenos pueden ver y, en realidad, ven las maravillosas hojas con las letras; entonces, Herr Kreitner, a pesar de sus esfuerzos, avala, en lugar de desacreditar, la narrativa del abate Huc. Si nunca hubiéramos podido verificar, personalmente, la veracidad de la historia, deberíamos admitir que las probabilidades facilitan su aceptación; ya que los peregrinos han llevado las hojas del árbol Kum Bum a todo rincón del imperio chino (hecho reconocido aun por Herr Kreitner); por lo tanto, si todo el asunto era un fraude, los adversarios chinos contra el budismo, cuyo nombre es Legión, lo hubieran denunciado sin piedad.

Además: la naturaleza ofrece muchas analogías que confirman lo descrito. Según se dice, ciertas conchas del Mar Rojo tienen impresas las letras del alfabeto hebraico y sobre ciertos saltamontes son visibles las del alfabeto inglés. Además en la revista The Theosophist, Vol. 11., pago 91, un corresponsal inglés traduce un relato de Sheffer, titulado Luz y más Luz, que habla de las características particulares de ciertas mariposas alemanas (Vanissa Atalanta) que llevan inscritas las cifras del año 1881. Los muebles de los entomólogos modernos pululan con ejemplares que muestran que la naturaleza produce, continuamente, animales con características miméticas, asumiendo el aspecto de vegetales. Por ejemplo: hay orugas que se parecen a la corteza de un árbol, al musgo o a ramas muertas,  e insectos que no pueden distinguirse de las hojas verdes, etc. Hasta las rayas del tigre es mimetismo de los tallos de la hierba de la jungla donde él hace su guarida.

Todos estos hechos separados contribuyen a que la historia de Huc del árbol Kum Bum, sea un hecho probable; ya que muestran que la misma naturaleza, sin intervención milagrosa, es capaz de producir vegetales en la forma de caracteres legibles. Esto es también el punto de vista de otro corresponsal de Nature, W. T. Thiselton Dyer, quien, en el número del 4 de Enero de esta estimable revista, después de sumar las pruebas, llega a la conclusión de que: "en el tiempo de Huc, hubo un árbol cuyas hojas llevaban inscritos ciertos caracteres, sin embargo, la imaginación del piadoso abate, lo indujo a asociarlos a las letras tibetanas." ¿Piadoso? Deberíamos recordar que su testimonio no procedía de un piadoso y crédulo budista tibetano, sino de un enemigo abierto de esa fe, M. Huc, quien se fue a Kum Bum para denunciar el fraude y que se esmeró "en esa dirección, para descubrir la más mínima huella de asechanza humana"; sin embargo, su mente desconcertada: "no pudo encontrar la más pequeña sospecha."

Así, hasta que Herr Kreitner y Dyer puedan mostrar que el cándido motivo del Abate era el de mentir en detrimento de su religión, debemos exonerarlo de los acusados, considerándolo un testigo irrecusable e importante. Sí; el árbol de las letras tibetanas es un hecho, además, las inscripciones en las células de las hojas están en Sensar o el idioma sagrado usado por los Adeptos y, en su totalidad, constituyen todo el Dharma del budismo y la historia del mundo.

En lo que atañe a alguna similaridad fantástica con caracteres alfabéticos reales, la confesión de Huc, según el cual son tan hermosamente perfectos: "que los caracteres tipográficos de Didot (famosa tipografía parisiense) no tienen nada que los supere", dirime la cuestión de manera perentoria. Con respecto a la aserción de Kreitner, que el árbol pertenece a la especie de lila, la descripción que Huc hace del color, de la fragancia de canela emitida por su madera,  y de la forma de las hojas, lo confirman sin duda.

Quizá, el viejo monje burlón conocía el mesmerismo común y "biologizó" al grupo del Conde Szechenyi, haciéndole ver y no ver, lo que a él se le antojaba, así como el difunto profesor Bushell hizo imaginar, a sus sujetos indos, cualquier cosa que él desease que vieran.

De vez en cuando, uno incurre en tales "bromas."


(The Sacred Tree of Kumbum, The Theosophist, marzo de 1883)