Blog para el estudio y la difusion de la Teosofia y algunos otros temas afines. Un espacio para los que no conformes con detenerse en el camino de la vida, avanzan sabiendo que los desafíos son grandes pero que no hay nada que temer.
lunes, 8 de mayo de 2017
sábado, 18 de marzo de 2017
EL BUDISMO Y LA FILOSOFIA ESOTERICA
EL BUDISMO Y LA FILOSOFIA ESOTERICA
Son
unos ignorantes aquellos que, en su ciego y hoy día intempestivo odio al
Buddhismo, y por reacción al Budhismo, niegan sus enseñanzas esotéricas que son
también las de los brahmanes, simplemente porque el nombre les sugiere lo que
para ellos, como monoteístas, son doctrinas perniciosas. Ignorantes, es el término correcto que debe emplearse
para su caso, puesto que la
Filosofía Esotérica es la única capaz de resistir en esta época de materialismo craso e ilógico, los ataques
repetidos a todo cuanto el hombre tiene por más querido y sagrado en su vida
espiritual interna. El verdadero
filósofo, el estudiante de la Sabiduría Esotérica, pierde por completo de vista
las personalidades, las creencias dogmáticas y las religiones especiales.
Además, la Filosofía Esotérica
reconcilia todas las religiones, despoja a cada una de ellas de sus vestiduras
humanas exteriores, y demuestra que la raíz de cada cual es idéntica a la de
las demás grandes religiones.
Ella
prueba la necesidad de un Principio Divino y Absoluto en la Naturaleza.
Ella
no niega la Deidad como no niega el Sol. La Filosofía Esotérica jamás ha rechazado
a Dios en la Naturaleza, ni a la Divinidad como al Ente abstracto y absoluto.
Rehúsa
únicamente aceptarlos dioses de las llamadas religiones monoteístas; dioses
creados por el hombre a su propia imagen y semejanza, caricaturas impías y
miserables del Siempre Incognoscible.
Por
lo demás, los archivos que vamos a presentar al lector, abrazan los principios
esotéricos del mundo entero, desde el principio de nuestra humanidad; y en
ellos el ocultismo Buddhista ocupa su lugar correspondiente, y no más.
A la
verdad, las porciones secretas del Dan
o Janna (Dhyâna) [Dan, en
la moderna fonética china y tibetana Chhan, es el nombre general de las escuelas
esotéricas y su literatura. En los antiguos libros, la palabra Janna se
define como “la reforma de uno mismo por medio de la meditación y el
conocimiento un segundo nacimiento interno. De aquí Dzan
Djan fonéticamente, el libro
de Dzyan.] de la metafísica de Gautama, por grandes
que aparezcan a los que no están enterados de los principios de la Religión de
la Sabiduría de la antigüedad, constituyen tan sólo una pequeña porción del
total.
El Reformador
indo limitó sus enseñanzas públicas al aspecto puramente moral y fisiológico de
la Religión de la Sabiduría, a la ética y al hombre únicamente. Las cosas “invisibles e incorpóreas”, el
misterio del Ser fuera de nuestra esfera terrestre, no fueron tratados en manera
alguna por el gran Maestro en sus enseñanzas públicas, reservando las verdades
ocultas para un círculo selecto de sus Arhats. Estos
últimos recibían la iniciación en la famosa Cueva Saptaparna (la Sattapanni de
Mahâvansa) cerca del Monte Baibhâr (el Webhára de los manuscritos palis). Esta
cueva estaba en Râjâgriha, la antigua capital de Magadha, y era la Cueva Cheta
de Fa-hian, como justamente sospechan algunos arqueólogos. [Mr. Beglor, ingeniero jefe en Buddha Gâya y
arqueólogo distinguido, fue el primero en descubrirla, según creemos.]
El
tiempo y la imaginación humana disminuyeron la pureza y la filosofía de estas
enseñanzas, cuando, durante el curso de su obra de proselitismo, fueron trasplantadas
del círculo secreto y sagrado de los Arhats, a un suelo menos preparado para
las concepciones metafísicas que la India; o sea, en cuanto fueron llevadas a
China, Japón, Siam y Birmania. La manera como fue tratada la prístina pureza de
estas grandes revelaciones, puede verse estudiando algunas de las llamadas escuelas
buddhistas “esotéricas” de la antigüedad en su aspecto moderno, no
solamente en China y en otros países buddhistas en general, sino hasta en no
pocas escuelas del Tíbet, abandonadas al cuidado de Lamas no iniciados y de
innovadores mongoles.
Así
es, que el lector debe tener presente las muy importantes diferencias que
existen entre el Buddhismo ortodoxo, o sea las enseñanzas públicas de Gautama
el Buddha, y su Budhismo esotérico. Su Doctrina Secreta no difiere, sin
embargo, en manera alguna de la de los brahmanes iniciados de su tiempo. El
Buddha era hijo del suelo ario, un indo, un Kshatriya, discípulo de los 96
nacidos dos veces” (los brahmanes iniciados) o Dvijas.
Sus enseñanzas, por tanto, no podían ser
diferentes de las doctrinas de aquéllos,
pues toda la reforma buddhista consistió sencillamente en revelar una parte de
lo que había permanecido secreto para todos los hombres que estaban fuera del
“círculo encantado” de los iniciados del Templo y de los
ascetas.
No pudiendo, por razón de sus votos,
enseñar todo cuanto le había
sido comunicado, y a pesar de que Buddha enseñó una filosofía fundada en la
base del verdadero conocimiento esotérico, participó al mundo únicamente el
cuerpo material externo de aquélla, y guardó su alma para sus elegidos. Muchos
orientalistas que se dedican al chino, han oído hablar de la “doctrina del alma”. Ninguno parece haber comprendido su
verdadera significación e importancia.
Aquella
doctrina fue conservada en secreto, en demasiado secreto quizás, dentro del
santuario. El misterio que envolvía su dogma principal y sus aspiraciones más
exaltadas, el Nirvâna, ha llamado e irritado tanto la curiosidad de los sabios
que lo han estudiado, que siendo incapaces de resolverlo de una manera lógica y
satisfactoria desatando el nudo
Gordiano,
han preferido cortarlo, declarando
que el Nirvâna significa la absoluta
aniquilación.
Tomado de: LA DOCTRINA SECRETA DE LAS ERAS ARCAICAS.
H.P. Blavatsky
jueves, 6 de octubre de 2016
EL PRALAYA DE LA CIENCIA MODERNA
EL PRALAYA DE LA CIENCIA MODERNA
Blavatsky
Si la ciencia tiene razón, entonces, el
futuro de nuestro sistema solar y, consecuentemente, de lo que llamamos
universo, depara muy poca esperanza o consuelo a nuestra posteridad. Dos de sus
paladines: el señor Thompson y el señor Klansius han alcanzado,
simultáneamente, la opinión conclusiva según la cual el destino del universo
consiste en una completa destrucción que acontecerá en un futuro no muy remoto.
De igual parecer son las teorías de varios astrónomos, las cuales describen el
gradual congelamiento y la disolución final de nuestro planeta usando términos
casi idénticos a los que empleaban los hindúes más grandes y aún algunos sabios
griegos. Casi se podría pensar que estamos leyendo nuevamente a Manu, Kanada,
Kapila y a otros. Lo que sigue son algunas de las teorías más inéditas de
nuestros pandits occidentales.
Nuestros científicos nos informan que:
"Todas las masas ponderables que deben haberse separado al momento de la
evolución o en la primera aparición en la tierra de la masa primordial de
materia se reunirán, nuevamente, en un cuerpo celestial gigantesco e infinito.
Todo movimiento visible en esta masa se detendrá y sólo la moción molecular
permanecerá, esparciéndose, equitativamente, a través de todo este cuerpo
voluminoso como calor." El atomista Kanada, el antiguo sabio Hindú, dijo: "En
la creación dos átomos empiezan agitándose hasta que, al final, se separan de
su unión previa cohesionándose después, formando una nueva substancia que posee
las cualidades de las cosas desde las cuales surgió."
Lohschmidt, el profesor austríaco de
matemáticas y astronomía y Proctor, el astrónomo inglés, al tratar el mismo
tema han llegado a otra concepción diferente sobre la causa productora de la
futura disolución del mundo. La atribuyen al lento y paulatino congelamiento
del sol, cuyo corolario final es la extinción venidera de este globo. Entonces,
todos los planetas, siguiendo a la ley de gravitáción, se estrellarán en el
astro inanimado y frío, fundiéndose con él y formando un cuerpo gigantesco. Si
esto aconteciera, dice el sabio alemán
y si tal período iniciara, es imposible que dure para siempre; ya que no sería
un estado de equilibrio absoluto. Durante un período maravilloso, el sol, endureciéndose
gradualmente, seguirá absorbiendo el calor radiante del espacio universal
concentrándolo a su alrededor.
Escuchemos al profesor Tay con respecto a
este asunto. Según su opinión, el congelamiento total de nuestro planeta
implicaría la muerte segura. La vida animal y vegetal que, antes del evento, se
habrá trasladado de las áreas norteñas y ya congeladas hacia el ecuador, al
final desaparecerá para siempre del haz del globo sin dejar atrás ningún
vestigio de su existencia. La tierra se encontrará envuelta en un frío intenso
y en las tinieblas. El actual movimiento atmosférico incesante se habrá
convertido en el silencio y en el reposo completo. Las últimas nubes habrán
derramado sobre el globo las últimas aguas. El curso de los arroyos y de los
ríos, destituido de su vivificador y motor: el sol, se paralizará y los océanos
se congelarán en una masa. Nuestro globo no tendrá otra luz que el ocasional
brillo de las estrellas fugaces que aún no habrán cesado de internarse en
nuestra atmósfera, inflamándose. Quizá, también el sol, bajo la influencia del
cataclismo de la masa solar, exhibirá, momentáneamente, algunas señales de
vitalidad. Así, la luz y la vitalidad volverán a penetrarlo por un breve lapso,
sin embargo, la reacción se restablecerá indefectiblemente y el sol, impotente
y moribundo, se apagará, esta vez para siempre. Tal cambio fue observado y en
realidad aconteció, en el período de congelamiento de las constelaciones del
Cisne, de la Corona y del Ofiuco, ahora extintas. El mismo destino se depara
para todos los otros planetas, los cuales, entretanto, obedeciendo a la ley de
inercia, seguirán circunvalando al sol muerto [...]. Después, el docto
astrónomo retrae el último año del globo moribundo, empleando las mismas
palabras que un filósofo hindú usó para describir el Pralaya: "El frío y la muerte soplan del polo norte
esparciéndose a lo largo de toda la
superficie terrestre cuyos nueve décimos ya han cesado de vivir. La vida, casi
imperceptible, se ha concentrado toda en su corazón, el ecuador, en las pocas
regiones restantes aún habitadas y donde reina una confusión completa de
lenguas y nacionalidades. Muy pronto, a los representantes sobrevivientes de la
raza humana se unen las especies
animales más grandes que el intenso frío condujo a esta faja de tierra.
Un objetivo, una aspiración, acopia esta masa variada de seres: la lucha por la
vida. Grupos de animales, sin distinción de género, se amontonan en una horda
esperando encontrar un poco de calor en los cuerpos que se congelan
rápidamente. Las serpientes no conminan más con sus falanges venenosas ni los
leones y los tigres con sus garras puntiagudas. Todo lo que cada uno de ellos
pide es la vida y solamente la vida ¡la vida hasta el último minuto! Al final,
sobreviene el último día y los pálidos y moribundos rayos solares iluminan la
siguiente escena tétrica: ¡ los cuerpos
congelados de los últimos de la familia humana, muertos por el frío y la
carencia de aire en la ribera de un mar inmóvil que está congelándose
rápidamente! [...]
Las palabras podrán no corresponder,
precisamente, con las del erudito profesor; ya que se extrajeron de apuntes
sentados en un idioma extranjero, pero las ideas son, literalmente, las suyas.
La imagen es realmente tétrica, sin embargo, las ideas basadas sobre
deducciones matemáticas no son nuevas y un autor hindú de la era precristiana describe la misma
hecatombe según lo presenta Manu en un idioma muy superior a éste. Invitamos al
lector a comparar y al hindú a discernir, en esto, una ulterior corroboración
de la gran sabiduría y saber de sus antepasados que anticiparon las
investigaciones modernas en casi todo campo.
"Se oyen
ruidos extraños proceder de cada punto [...] Son los precursores de la Noche de
Brahma. El crepúsculo se eleva en el horizonte y el sol desaparece [...]
Paulatinamente, la luz empalidece, el calor disminuye y en la tierra se multiplican
los lugares inhabitables, el aire se hace más y más enrarecido. Las fuentes
acuíferas se secan, los grandes ríos ven sus olas agotarse, el océano enseña su
abismo arenoso y las plantas mueren. [...] La vida y el movimiento pierden su
fuerza, los planetas gravitan en el espacio con dificultad, extinguiéndose uno
a uno [...] Surya (el Sol), flamea y se
apaga. La materia cae en disolución y Brahma (la fuerza creativa), se
funde nuevamente en Dyaus, el no revelado, el cual, habiendo cumplido con su
tarea, duerme. [...] ¡Ha llegado la noche para el Universo!" (Vamadeva).
(The Pralaya of Modern Science, The Theosophist, oct. 1880)
ISIS SIN VELO Y EL VISISHTADWAITA
ISIS SIN VELO Y EL VISISHTADWAITA
Blavatsky
CORRESPONDENCIA
Señor,
en el número de Octubre de nuestra revista, "R.P." trata de probar
que en el libro "Isis sin Velo" enseñé, sustancialmente, la doctrina Visishtadwaita; sin embargo
discrepo con este punto de vista. Estoy consciente del hecho de que "Isis
sin Velo" dista mucho de ser la obra completa que hubiera podido resultar
si el mismo material lo hubiese redactado una persona más erudita. Vale la pena
agregar que como trabajo literario carece de simetría y, quizá, de vez en
cuando, de exactitud. Pero tengo algunas excusas para todo esto: fue mi primer libro en un idioma que no era
mi lengua madre y, por lo tanto, no tenía la costumbre de escribir en él.
Además, el inglés era un idioma con el cual, ciertos filósofos asiáticos que me
auxiliaron, tenían muy poca familiaridad y, finalmente, elCoronel Olcott, que
revisó el manuscrito, colaborando desde el principio, en 1875-1876, ignoraba,
casi por completo, la Filosofía Aria y, por lo tanto, no podía detectar ni
rectificar, los errores que yo podía fácilmente cometer cuando expresaba mis
pensamientos en inglés. No obstante lo antedicho, opino que la crítica de
"R.P ." es errónea.
Si
me equivoqué porque no enfaticé la distinción entre un Dios Impersonal o Parabrahm
y un Dios Personal, tampoco me confundí al grado de que permuté, completamente,
el uno por el otro. Las páginas 2, 216-17 del primer volumen de Isis sin Velo y
la 153 del segundo volumen (versión inglesa original), de las cuales se vale
"R.P." en su crítica, no representan mi doctrina; sino las ideas de
otros autores. Las primeras dos son una cita entresacada de Manu, mostrando la
respuesta que un brahman y un budista letrados darían a la afirmación del
profesor Max Müller, según la cual, Moksha y Nirvana significan aniquilación.
Mientras en la página 153 del segundo volumen, se encuentra una defensa y una
explicación del sentido esotérico de la Biblia, desde el punto de vista de un
místico cristiano. Es obvio que esto
tendría visos de Visishtadwaítismo que, análogamente al Cristianismo, adjudica
atributos personales al Principio Universal. En lo que concierne al
prefacio de la página 2, podemos decir que, aun cuando se lee literalmente,
refleja sólo mi opinión personal y no la Doctrina Esotérica. Siendo una escéptica en mi juventud, busqué y obtuve, mediante
los Maestros, la
plena confirmación de la existencia de un principio, (no un Dios Personal),
"un océano ilimitado e insondable" del cual mi "alma" era
una gota. Al
igual que los Adwaitas, no hice ninguna distinción entre mi Séptimo Principio y el
Espíritu Universal o Parabrahm, ni creo en un espíritu individual recluído
dentro de mí, como algo separado del entero. Como prueba de lo antedicho, lean mi observación sobre "la
omnipotencia del espíritu inmortal del ser humano", la cual sería un
absurdo lógico si se basara en alguna teoría de separación egoísta. El error
que cometí fue que, en toda la obra usé, indistintamente, la palabras Parabrahm
y Dios para expresar la misma idea: seguramente un pecado venial, cuando uno se
percata de lo limitado que es el idioma inglés, al grado de que, aun ahora,
estoy usando una palabra sánscrita para expresar una idea y el inglés para
otra. Que sea Adwaita ortodoxo o no, como ocultista y valiéndome de la
autoridad de la Doctrina Secreta, sostengo que el espíritu del ser humano, aun cuando se sumerge
enteramente en Parabrahm y aunque no sea individual por sí, preserva su
individualidad distinta en Paranirvana, debido a la acumulación de los
agregados o skandhas que han sobrevivido de las facultades superiores de Manas
después de cada fallecimiento. Después de la muerte de
cada personalidad a lo largo de las líneas de renacimientos, las aspiraciones
más espirituales, es decir, superiores y más divinas de cada personalidad,
siguen a Buddhi y al Séptimo Principio en Devachan (Swarga), convirtiéndose en
parte integrante de la Mónada. La personalidad desaparece, disipándose antes de que ocurra la
evolución de la nueva personalidad que sale del Devachan, renaciendo; sin embargo,
la individualidad del espíritu-alma (ay y de nuevo ay, ¡qué se puede hacer con
este inglés!), se preserva hasta el final del gran ciclo (Maha-Manwantara),
cuando cada Ego entra en Paranirvana o se sumerge en Parabrahm. Para nuestra
comprensión de talpas, el espíritu humano se pierde, entonces, en el Espíritu
Uno, así como la gota de agua en el océano no se puede detectar ni recuperar.
En efecto no es así en el mundo del pensamiento inmaterial, cuya relación con
el pensamiento humano dinámico es comparable al poder visual del microscopio
más poderoso concebible y la vista de un ser semiciego. Sin embargo, este es un
símil muy insuficiente; ya que la diferencia es inexpresable en términos de
sistema métrico. A pesar de lo largo que la "noche de Brahma" o aun
el Pralaya Universal (no el local, que afecta sólo a un grupo de mundos) pueda
ser, cuando
ésta termine, la misma Mónada individual Divina vuelve a empezar su majestuoso
sendero evolutivo, aunque en una cadena de tierras superiores y cien veces más
perfecta y más pura que anteriormente, llevando consigo toda la esencia de las
espiritualidades compuestas por sus previos e innumerables renacimientos. Por lo tanto: lo antedicho demuestra
que estos "espíritus" o unidades Parabrhámicos y Paranirvánicos
tienen y deben conservar sus individualidades divinas y (no humanas).
No
hay que olvidar que la evolución espiral
es dual y que el sendero de la espiritualidad gira, como un sacacorchos, dentro
y alrededor de la evolución física, semifísica y suprafísica. Me estoy
enfrascando en detalles que es mejor dejarlos a la plena consideración que su
importancia se merece y que le otorgaremos en mi inminente libro: "La
Doctrina Secreta".
Publicado originalmente en “The Theosophist” de Enero 1886
miércoles, 5 de octubre de 2016
EL ÁRBOL SAGRADO DE KUM BUM
EL
ÁRBOL SAGRADO DE KUM BUM
Blavatsky
Reivindicando la veracidad de lo que dijo el Abate Huc, que fue
puesto en entredicho por un visitante más reciente del monasterio de Kum Bum,
Huc un misionero Lazarista, en su Viajes
en la Tartaria, el Tibet y la China; escribió que había visto aparecer
caracteres tibetanos perfectos en las hojas de un Árbol que, según la leyenda, había brotado de la cabellera de Tsong-ka-pa,
HPB puntualiza que las inscripciones que crecían en las células y en los
tejidos de las hojas eran en Sensar.
El Arbol Sagrado de Kum Bum
Hace 37 años, dos misioneros lazaristas valientes, miembros de la Misión Católica Romana establecida en Pekín, emprendieron la hazaña desesperada de penetrar en el territorio del Tibet, llegando hasta Lhassa, para predicar el cristianismo entre los budistas sumidos en la ignorancia. Se llamaban Huc y Gabet; la narrativa de su viaje muestra su valentía y entusiasmo extremos. El volumen más interesante apareció en París, hace más de 30 años y, desde entonces, se tradujo al inglés dos veces y, quizá, a otros idiomas. En esta coyuntura no nos importan sus méritos generales; sino que limitaremos nuestra consideración a la parte del libro ( Vol. II, pago 84, de la edición americana de 1852) donde el autor, Huc, describe el maravilloso "Arbol de las diez mil Imágenes", que ellos vieron en la Lamasería o Monasterio de Kum Bum o Koun Boum.
Huc nos dice que, según la leyenda tibetana, cuando la madre de
Tsong-Ka-pa, el famoso reformador budista, lo entregó a la vida religiosa,
siguiendo la tradición: "cortó su pelo y lo
arrojó. Donde cayó, nació un árbol, cuyas hojas llevaban inscritos caracteres
tibetanos." La traducción inglesa de Hazlitt (Londres 1856) es más literal
(aunque no sea la exacta) versión del original. Sin embargo, hemos entresacado
(Pag.324-6.) los siguientes particulares interesantes:
Sobre cada una de las hojas, transpiraban caracteres tibetanos bien formados. Todos eran verdes, algunos más oscuros y algunos más claros que la hoja misma. Nuestra primera impresión fue sospechar un fraude por parte de los Lamas; pero, al examinar minuciosamente todo detalle, no pudimos descubrir el más mínimo engaño. A nuestro juicio, todos los caracteres nos parecieron parte integrante de la hoja, recorridos por las mismas venas y nervios. La posición no era la misma en todas. En unas hojas los caracteres se encontraban en la parte superior, en otras en el medio y, en otras más, en la base o a un lado. Las hojas más jóvenes representaban los caracteres sólo en un estado de formación parcial. También la corteza y las ramas, que se parecen a las de un árbol ordinario, están cubiertas con estos caracteres. Si se remueve un trozo de la vieja corteza, la nueva, que está detrás, exhibe los bosquejos individuales de los caracteres en un estado embrionario y, lo que es particular, a menudo, estos nuevos caracteres son distintos de los que remplazan. A nuestro juicio, el árbol de las Diez mil Imágenes era vetusto. Su tronco, que tres hombres casi no podían abrazar, no supera los ocho pies. Las ramas, en lugar de crecer hacia arriba, se expanden en la forma de un penacho de plumas particularmente densas, algunas están muertas. Las hojas son siempre verdes y la madera, que es de un tinte rojizo, emite un aroma exquisito, similar a la canela. Los Lamas nos informaron que, durante el verano, alrededor de la octava luna, el árbol produce flores rojas gigantescas y extremadamente hermosas.
El mismo abate Huc, describe lo antedicho más enfáticamente. "Estas letras son tan perfectas que los caracteres tipográficos de Didot, no tienen nada que las supere." Que el lector tenga presente tal afirmación, porque tendremos ocasión de recurrir a ella.
El vio en las hojas, no
sólo simples letras; sino: "oraciones religiosas" ¡que la naturaleza
había auto impreso en la clorofila, en las células y en la fibra de madera! La
superficie, interna y externa, estrato tras estrato, de las hojas, las ramitas,
las ramas y del tronco, estaban inscritos por las letras maravillosas y no
había dos caracteres idénticos, superpuestos. "No se imaginen que estos estratos sobrepuestos
repitan la misma impresión. Al contrario; ya que, al levantar cada hoja, se nos
presenta un tipo distinto. ¿Cómo es posible, entonces, sospechar un fraude? Me
he esmerado, en esa dirección, para descubrir la más mínima huella de asechanza
humana y mi mente, desconcertada, no pudo encontrar la más pequeña sospecha."
¿Quién dice esto? Un devoto misionero
cristiano que fue intencionalmente al Tíbet con el objeto de probar que el
Budismo era falso y el Cristianismo verdadero; por lo tanto, se hubiera
aferrado, ansiosamente, a la más mínima prueba que corroborase su posición, exhibiéndola
delante de los oriundos. En Tíbet, él vio otras maravillas y las describe; aunque la edición
americana las omite y algunos de sus críticos ortodoxos más viscerales, las
atribuyen al diablo. En Isis sin Velo,
especialmente en el primer volumen, (versión inglesa), se describen y se
discuten algunos de estos prodigios, tratando de mostrar su reconciliación con
la ley natural.
El tema del árbol de Kum Bum ha vuelto a nuestra mente gracias a una reseña en la revista Nature, por A. H. Keane, sobre la Relación, recientemente publicada, de Herr Kreitner, acerca de la expedición al Tíbet en 1877-80, por parte del Conde Szechenyi, un noble húngaro.
El grupo dio un paseo de Siningfu hasta el monasterio de Kum
Bum: "con el propósito de
verificar el relato extraordinario de Huc acerca del famoso árbol de Buda. No
encontramos ninguna imagen [del Buda en las hojas] ni las letras, sino una sonrisa burlona en los labios del anciano
sacerdote que nos guiaba. Al contestar a nuestras preguntas, nos dijo que, hace
mucho tiempo, el árbol producía realmente hojas con la imagen de Buda; sin
embargo, ahora, tal prodigio ocurría raramente. Sólo unos pocos hombres, favorecidos
de Dios, tuvieron el privilegio de descubrir tales hojas."
Para este testigo, lo antes dicho es suficiente: a un sacerdote
budista, cuya religión le enseña que no hay personas favoritas por algún Dios,
que no existe un ser tal que llamamos Dios que otorga favores y que cada ser
humano cosecha lo que siembra, ni más ni menos, se le hace decir tal
insensatez. ¡Esto muestra lo que vale el testimonio de este explorador para su
adorada ciencia escéptica! Sin embargo, parece que hasta el sacerdote, con la sonrisa
burlona, les haya dicho que los hombres buenos pueden ver y, en realidad, ven
las maravillosas hojas con las letras; entonces, Herr Kreitner, a pesar de sus
esfuerzos, avala, en lugar de desacreditar, la narrativa del abate Huc. Si
nunca hubiéramos podido verificar, personalmente, la veracidad de la historia,
deberíamos admitir que las probabilidades facilitan su aceptación; ya que los
peregrinos han llevado las hojas del árbol Kum Bum a todo rincón del imperio chino
(hecho reconocido aun por Herr Kreitner); por lo tanto, si todo el asunto era
un fraude, los adversarios chinos contra el budismo, cuyo nombre es Legión, lo
hubieran denunciado sin piedad.
Además: la naturaleza ofrece muchas
analogías que confirman lo descrito. Según se dice, ciertas conchas del Mar
Rojo tienen impresas las letras del alfabeto hebraico y sobre ciertos
saltamontes son visibles las del alfabeto inglés. Además en la revista The Theosophist, Vol. 11., pago 91, un
corresponsal inglés traduce un relato de Sheffer, titulado Luz y más Luz, que habla de las características particulares de
ciertas mariposas alemanas (Vanissa
Atalanta) que llevan inscritas las cifras del año 1881. Los muebles de los
entomólogos modernos pululan con ejemplares que muestran que la naturaleza
produce, continuamente, animales con características miméticas, asumiendo el
aspecto de vegetales. Por ejemplo: hay orugas que se parecen a la corteza de un
árbol, al musgo o a ramas muertas, e
insectos que no pueden distinguirse de las hojas verdes, etc. Hasta las rayas
del tigre es mimetismo de los tallos de la hierba de la jungla donde él hace su
guarida.
Todos estos hechos separados contribuyen a que la historia de
Huc del árbol Kum Bum, sea un hecho probable; ya que muestran que la misma naturaleza,
sin intervención milagrosa, es capaz de producir vegetales en la forma de caracteres
legibles. Esto es también el punto de vista de otro corresponsal de Nature, W. T. Thiselton Dyer, quien, en
el número del 4 de Enero de esta estimable revista, después de sumar las
pruebas, llega a la conclusión de que: "en el tiempo de Huc,
hubo un árbol cuyas hojas llevaban inscritos ciertos caracteres, sin embargo,
la imaginación del piadoso abate, lo indujo a asociarlos a las letras tibetanas." ¿Piadoso? Deberíamos recordar que
su testimonio no procedía de un piadoso y crédulo budista tibetano, sino de un
enemigo abierto de esa fe, M. Huc, quien se fue a Kum Bum para denunciar el
fraude y que se esmeró "en esa dirección,
para descubrir la más mínima huella de asechanza humana"; sin embargo,
su mente desconcertada: "no pudo encontrar
la más pequeña sospecha."
Así, hasta que Herr Kreitner y Dyer puedan mostrar que el
cándido motivo del Abate era el de mentir en detrimento de su religión, debemos
exonerarlo de los acusados, considerándolo un testigo irrecusable e importante.
Sí; el árbol de las
letras tibetanas es un hecho, además, las inscripciones en las células de las
hojas están en Sensar o el idioma sagrado usado por los Adeptos y, en su totalidad,
constituyen todo el Dharma del budismo y la historia del mundo.
En lo que atañe a alguna similaridad fantástica con caracteres
alfabéticos reales, la confesión de Huc, según el cual son tan hermosamente perfectos:
"que los caracteres tipográficos de
Didot (famosa tipografía parisiense) no
tienen nada que los supere", dirime la cuestión de manera perentoria.
Con respecto a la aserción de Kreitner, que el árbol pertenece a la especie de
lila, la descripción que Huc hace del color, de la fragancia de canela emitida
por su madera, y de la forma de las
hojas, lo confirman sin duda.
Quizá, el viejo monje
burlón conocía el mesmerismo común y "biologizó" al grupo del Conde
Szechenyi, haciéndole ver y no ver, lo que a él se le antojaba, así como el
difunto profesor Bushell hizo imaginar, a sus sujetos indos, cualquier cosa que
él desease que vieran.
De vez en cuando, uno
incurre en tales "bromas."
(The Sacred Tree
of Kumbum, The Theosophist, marzo de 1883)
ALGUNOS PENSAMIENTOS SOBRE LA MUERTE Y SATÁN
ALGUNOS PENSAMIENTOS SOBRE
LA MUERTE Y SATÁN
Blavatsky
I
LA MUERTE
POR EL DIFUNTO ELIPHAS LEVI
La
muerte es la disolución necesaria de las combinaciones imperfectas. Es el
reabsorber del esbozo de la vida individual, en la gran obra de la vida universal;
sólo lo perfecto es inmortal.
Es
un bañarse en el olvido. Es la fuente de la juventud donde, por un lado, se
sumerge la ancianidad y por el otro, procede la infancia. (Renacimiento del Ego
después de la muerte. La doctrina oriental y especialmente la budista de la
evolución del nuevo Ego desde el viejo. -Ed. Theosophist.)
La
muerte es la transfiguración de lo viviente. Los cadáveres son sólo las hojas
muertas del Arbol de la Vida que en primavera, se reviste con todas sus hojas.
La resurrección humana se asemeja, eternamente, a estas hojas.
Las
formas perecederas son condicionadas por tipos inmortales.
Todos los que han vivido en la tierra, viven ahí en ejemplares
aun nuevos de sus tipos; pero las almas que han trascendido su tipo reciben, en
algún otro lugar, una nueva forma basada en un tipo más perfecto, mientras
ascienden la escalera de los mundos. (Desde un loka al otro; desde un mundo positivo de causas y
actividad a uno negativo de efectos y pasividad. -Ed. Theosophist.)
Los ejemplares malos son disgregados y su
materia vuelve a la masa general. (En la materia Cósmica cuando, necesariamente, pierden su
conciencia de sí o individualidad o son aniquilados, según dicen los Cabalistas
orientales. -Ed. Theosophist.)
Nuestras almas son como si fueran música, mientras nuestros
cuerpos son los instrumentos. La música existe sin
los instrumentos; pero no puede ser audible sin un intermediario material. Lo inmaterial es
siempre inconcebible e inasible.
El
ser humano, en su existencia presente conserva, sólo, ciertas predisposiciones
de sus existencias pasadas.
Las evocaciones de los muertos son, simplemente, condensaciones
de memoria, la coloración imaginaria de las sombras. Evocar a los que han
partido, implica volver a emitir sus tipos de la imaginación de la naturaleza. (El deseo ardiente de ver a un muerto es
evocar las imágenes de esa persona, volverla a llamar de la luz astral o éter
donde se quedan fotografiadas las imágenes del Pasado. Esto es lo que sucede,
parcialmente, en las reuniones espiritistas. Los espiritistas son Nigromantes
inconscientes. -Ed. Theosophist.).
Para
estar en comunicación directa con la imaginación de la naturaleza, uno debe
estar dormido, atosigado, en estado de arrobamiento, cataléptico o demente.
La
memoria eterna preserva sólo lo imperecedero.
Todo lo que es Temporal, pertenece, por derecho, al olvido.
Conservar
los cadáveres es una violación de las leyes de la naturaleza. Es un ultraje a
la modestia de la muerte, la cual oculta la obra destructiva, así como
deberíamos esconder la reproductiva. Conservar los cadáveres es crear fantasmas
en la imaginación de la tierra; (Intensificar estas imágenes en la luz astral o sideral. -Ed.
Theosophist.) los
espectros de las pesadillas, las alucinaciones y el miedo, son sólo las
fotografías vagantes de los cadáveres preservados. Estos cuerpos, conservados e
imperfectamente destruidos, son los que cunden, entre los vivos, la peste, el
cólera, las enfermedades endémicas, la tristeza, el escepticismo y el disgusto
por la vida. (La gente está, intuitivamente, dándose cuenta
de la gran verdad y, hoy día, en toda Europa, surgen sociedades para la
cremación.) La muerte es exhalada por la
muerte. Los
cementerios emponzoñan la atmósfera de las ciudades y la emanación de los
cadáveres plaga a los niños aun cuando están en el vientre materno.
Cerca
de Jerusalén, en el valle de Gehenna, se preservaba un fuego perpetuo para
quemar las escorias y los restos de los animales y éste es el fuego al cual
Jesús hace alusión cuando dice que los malos se arrojarán en Gehenna, queriendo
decir que las almas muertas serán tratadas como cadáveres.
El
Talmud dice que: las almas de quienes no creyeron en la inmortalidad no se
harán inmortales.
La
fe es la única que entrega la inmortalidad personal; (La fe y la fuerza de
voluntad. La inmortalidad es condicional, como siempre hemos dicho. Es la recompensa
de los buenos y los puros. Las personas malas y los materialistas sensualistas
sólo sobreviven. Quien aprecia, exclusivamente, los placeres físicos, no
vivirá, ni podrá vivir, en los estados después de la muerte, como Entidad
autoconsciente. -Ed. Theosophist.) la ciencia y la razón pueden, únicamente, afirmar la inmortalidad
general.
El pecado mortal es el suicidio del alma. Este suicidio tiene
lugar si el ser humano se entrega al mal con todo su poder mental, un
conocimiento perfecto del bien y del mal y una completa libertad de acción que
parece imposible en la práctica sin embargo es posible en la teoría, ya que la
esencia de una personalidad independiente es una libertad incondicionada. La divinidad no
impone nada al ser humano; ni siquiera la existencia. El ser humano tiene el
derecho de retirarse aun de la bondad divina y el dogma del infierno eterno es
sólo la aserción del eterno libre albedrío.
Dios no arroja a nadie en el infierno. Son los hombres quienes
pueden ir allá libre y definitivamente, porque así lo deciden.
A
aquellos que se encuentran en el infierno, es decir, entre la oscuridad del mal
(Es
decir renacen en un "mundo inferior'. que no es el "Infierno" ni
al aún purgatorio teológico sino un mundo casi de absoluta materia, el
antecesor del último en el "círculo de la necesidad", del cual
"no hay redención", ya que ahí reina la oscuridad espiritual
absoluta. (Libro de Khiu-te) Ed. Theosophist.) y el sufrimiento del castigo necesario, sin que ésta fuese su
voluntad, se les llamará para que salgan de éste. Para ellos, este infierno es
sólo un purgatorio. Satán es el condenado, completa, absoluta e irrevocablemente, el
cual no es una existencia racional; sino una hipótesis necesaria.
Satán es la última palabra de la creación. Es el fin
infinitamente emancipado. Quiso ser como Dios, del cual es su opuesto. Dios es
la hipótesis necesaria para la razón, Satán es la hipótesis necesaria para la
irracionalidad que se impone como libre albedrío.
A fin de ser inmortal en el bien, uno debe identificarse con
Dios; para ser inmortal en el mal, con Satán. Estos son los dos polos del mundo
de las almas, entre los cuales vegeta y muere, desmemoriada, la porción inútil
de la humanidad.
Nota
del Editor.
Lo
que antecede puede parecer incomprensible al lector ordinario; ya que es una de
las enseñanzas más recónditas de la doctrina Oculta. La naturaleza es dual: hay
un aspecto físico y material y uno espiritual y moral. Además, engloba al
binomio bien y mal y este último es la sombra necesaria de su luz. En el
Volumen XXXI del Libro de Khiu-te leemos que, para forzarse en la corriente de
la inmortalidad o mejor dicho, a fin de asegurarse un sinnúmero de
renacimientos como individualidades conscientes, uno debe convertirse en el
colaborador de la naturaleza, ya sea para el bien o el mal, en su obra de
creación y reproducción o en la de destrucción. La naturaleza se desembaraza
sólo de los indolentes, expulsándolos violentamente y haciendo perecer millones
de ellos como entidades conscientes de sí. Entonces, mientras los buenos y los
puros se esfuerzan por alcanzar Nipang (nirvana o ese estado de existencia y
conciencia absolutas, que en el mundo de las percepciones finitas es no-existencia
y no-conciencia); los malos buscarán, en cambio, unas series de vidas como
seres o existencias conscientes y definidas, prefiriendo un sufrimiento
continuo bajo la ley de justicia retributiva, en lugar de abandonar sus vidas
como porciones del todo integral y universal. Estando conscientes de que nunca
pueden esperar alcanzar el reposo final en el espíritu puro o nirvana, se aferran
a la vida en toda forma, en lugar de abandonar ese "deseo por la
vida" o Tanha, que causa el renacimiento de un nuevo agregado de Skandhas
o individualidad. La naturaleza es una madre buena tanto con el águila cruel
como con la inerme paloma. La Madre naturaleza castigará a su hijo, el cual,
habiéndose convertido en su colaborador para la destrucción, no puede expulsarlo.
Existen seres humanos profundamente malos y depravados, sin embargo altamente
intelectuales y agudamente espirituales para el mal, así como hay los que son
espirituales para el bien. Los Egos de ellos pueden sustraerse a la ley de
destrucción o aniquilamiento final por eras futuras. Esto es lo que Eliphas
Levi quiere decir con convertirse "inmortales en el mal" mediante la
identificación con Satán. La visión de Revelación le dice a San Juan:
"Quisiera que tú fueses frío o caliente" (III., 15-16) "pero,
siendo tibio, ni frío ni caliente, te escupiré de mi boca." La
"Revelación" es un libro absolutamente Cabalístico. El calor y el
frío son los dos "polos": el bien y el mal, el espíritu y la materia.
La naturaleza escupe a los "tibios" o a la "porción inútil de la
naturaleza", es decir: los aniquila. Esta concepción de que una porción
considerable de la humanidad puede, después de todo, no tener almas inmortales,
ni siquiera será nueva para los lectores europeos. El mismo Coleridge traza un
paralelo con un roble que, aun emitiendo millones de bellotas, las cuales, bajo
las condiciones normales, ni una entre mil desarrolla en un árbol, sugiere que,
como la mayoría de bellotas no logran convertirse en árboles, así es posible
que la mayoría de los seres humanos no acierten a desarrollarse en una nueva
entidad viviente después de esta muerte terrenal.
II
SATÁN
Satán es meramente un tipo y no un
personaje real.
Es el tipo
opuesto al tipo Divino que, en nuestra imaginación, es la antítesis de este
último. Es la sombra no natural que nos hace visible la luz infinita de lo
Divino.
Si Satán fuera un personaje real,
habría dos Dioses, haciendo verídico el credo de los Maniqueos.
(Maniqueísmo,
herejía de Maniqueo, que reconocía dos principios creadores, uno para el bien y
el otro para el mal. (N.d.T.)
Satán es la concepción imaginaria de lo absoluto en
el mal, una concepción necesaria para la completa afirmación del libre albedrío
humano el cual, mediante el auxilio de este absoluto imaginario, parece ser
capaz de equilibrar el poder completo, aun de Dios. Es el sueño más intrépido y excelso entre los sueños del orgullo humano.
La serpiente alegórica en la Biblia dice:
"seréis como Dioses, conociendo el bien y el mal." En verdad, para que el mal se convierta en
ciencia, hay que crear un Dios del mal y, si algún espíritu puede resistir
eternamente a Dios, ya no hay un Dios; sino dos Dioses.
Para resistir al Infinito, se necesita
una fuerza infinita y dos fuerzas infinitas que se contraponen, deben
neutralizarse. (El mal, siendo infinito y eterno, porque coetáneo
con la materia, es lógico deducir que no hay Dios ni Diablo, como Entidades
personales; sino sólo un Principio o Ley lncreado, Infinito, Inmutable y
Absoluto, el cual se convierte en el Malo en el Diablo mientras más se precipita
en la materia, trasformándose, en cambio, en Bien o Dios, tan pronto como se
purifica de la materia, volviendo a ser Espíritu puro y prístino o el Absoluto
en su Subjetividad eterna e inmutable. Ed. Theosophist.).
Si la resistencia por parte de Satán fuera posible,
el poder de Dios no existiría; Dios y el Diablo se destruyen mutuamente y el
ser humano se queda solo con el fantasma de sus Dioses, la esfinge híbrida, el
toro alado que balancea, en su mano humana, una espada cuyos rayos vacilantes inducen
a la imaginación humana de un error a otro y, desde el despotismo de la luz, al
de la oscuridad.
La historia de la miseria mundana es simplemente el
romance de la guerra, aun inacabada, de los Dioses; mientras el mundo cristiano
aun adora a Dios en el Diablo y un Diablo en Dios.
El antagonismo de los poderes es la
anarquía en el Dogma.
Así, cuando la iglesia afirma que el
Diablo existe, el mundo, con lógica terrificante, le contesta: entonces, Dios
no existe. Además es inútil tratar de sustraerse
de este argumento, inventando la supremacía de un Dios que permite a un Diablo
provocar la condenación de los seres humanos. Tal permiso sería una monstruosidad
y equivaldría a ser cómplice y el dios que pudiera ser cómplice del diablo, no
puede ser Dios.
El Diablo de los Dogmas es una personificación del
Ateísmo.
El Diablo de la Filosofía es el ideal exagerado del
libre albedrío humano. El Diablo real o físico es el magnetismo del mal.
Levantar al Diablo es sólo hacer aflorar, por un
instante, dicha personalidad imaginaria. Esto involucra la exageración, en uno
mismo, que trasciende los límites de la perversión de la locura mediante
acciones criminales e irracionales.
El resultado de este comportamiento es
la muerte del alma mediante la locura y, a menudo, aún del cuerpo, mediante una
congestión cerebral; así como si fuese sacudido por un rayo.
El Diablo siempre importuna y no da nada en cambio.
San Juan lo llama la "Bestia", porque su esencia es la locura humana.
He aquí el credo de Eliphas Levi y el
de sus discípulos.
Creemos en un Principio Divino, la esencia de toda
existencia, de todo bien y de toda justicia, indisoluble de la naturaleza que
es su ley, el cual se revela mediante la inteligencia y el amor.
Creemos en la Humanidad, hija de Dios y cuyos miembros
están inseparablemente conectados los unos a los otros; así que todos deben
cooperar a la salvación de cada uno y cada uno a la de todos.
Creemos que: para servir a la esencia Divina es
necesario servir a la Humanidad.
Creemos en la reparación del mal y en el triunfo del
bien en la vida eterna.
FIAT
(Editado originalmente en “The Theosophist” de Octubre 1881)
ALGUNAS PALABRAS SOBRE LA VIDA DIARIA
ALGUNAS PALABRAS SOBRE LA VIDA DIARIA
Blavatsky
Es solamente la filosofía divina, la unión
espiritual y psíquica del hombre y la
naturaleza, la que revelando las verdades
fundamentales que yacen ocultas bajo los objetos de los sentidos y la
percepción, puede promover un espíritu de unidad y armonía, a pesar de la gran
diversidad de credos en conflicto.
La Teosofía, por lo tanto, espera y pide a
los hermanos de la Sociedad, una gran tolerancia mutua y condescendencia hacia
los defectos de los demás, así como ayuda mutua en la búsqueda de las verdades
en cada aspecto de la naturaleza, tanto moral como físico. Y este estándar ético debe ser aplicado
sin vacilación en la vida cotidiana.
La teosofía no debe constituir meramente una colección de verdades morales,
un montón de ética metafísica, personificada en disertaciones teóricas.
La Teosofía debe ser práctica y, por lo tanto, tiene que ser despejada de
elucubraciones inútiles, de habladurías que a nada conducen y demasiada
conversación. Que cada teósofo cumpla con su deber, con
lo que puede y debe hacer, y muy pronto las miserias humanas, dentro y fuera de
las áreas de cada Rama de su Sociedad, se verán disminuidas visiblemente.
Olvide su ego trabajando en bien de los
demás, y la tarea llegará a serle fácil y ligera.
No se enorgullezca del aprecio y el
reconocimiento de su trabajo que le brindan
los demás.
¿Por qué debe cualquier miembro de la Sociedad Teosófica que se esfuerza en
llegar a ser un teósofo, valorar las opiniones buenas o malas de los demás, si
está consciente de que su labor es útil y beneficiosa para otras personas?
El elogio y el entusiasmo humanos son en
todo caso pasajeros, tanto la risa de quien se mofa, como la consecuente
condena del observador indiferente que de seguro vendrán, y que generalmente
pesan más que el elogio y la admiración del amistoso. No desprecie la opinión del mundo, ni
provoque inútilmente la crítica injusta. Quédese más bien indiferente tanto al
abuso como al elogio de quienes nunca pueden saber cómo es usted en realidad, y
quienes, por lo tanto, deben hallarle impasible ante cualquiera de los dos, sin
poner jamás la aprobación o la condena de su Yo interno más alto que el de las
multitudes.
Aquellos de ustedes que han de conocerse a
sí mismos en el espíritu de la Verdad,
aprendan a vivir solos aún en medio de las
grandes multitudes que pueden ocasionalmente rodearles. Busquen la comunión y el trato solamente con ese Dios dentro de su propia
alma. Escuchen solamente el elogio y la
culpabilidad que esa deidad les señala, que jamás yace separada de su Yo
verdadero, porque es en realidad Dios mismo, llamado la Conciencia Superior. Ponga sin demora sus buenas intenciones en práctica, sin dejar jamás que
ninguna de ellas se quede sólo como una intención, y mientras tanto, no espere recompensa ni reconocimiento para lo
bueno que haya hecho. La recompensa y el reconocimiento están en usted mismo y le son inseparables,
y es su propio ser interno el único que puede apreciarlas en su grado y valor
verdaderos. Cada uno de ustedes tiene en su tabernáculo
interno al Tribunal Supremo _el fiscal, la defensa, el jurado y el juez-- cuya
sentencia carece de apelación.
Nadie
puede conocerle mejor que usted mismo, toda vez que ha aprendido a juzgar a ese
Yo por la luz jamás vacilante de la divinidad interna su Conciencia Superior.
Permita entonces que las masas, que nunca pueden conocer su esencia verdadera,
condenen a los de afuera según sus propias falsas luces.
La mayoría del Areópago público se compone generalmente de jueces autodesignados,
que nunca han tenido una deidad permanente de ídolo alguno salvo sus propias
personalidades -- sus seres inferiores. Quienes en su andar por la vida tratan de
seguir su luz interior nunca se verán juzgando, mucho menos condenando, a los más
débiles.
¿Qué importa entonces que otros le condenen o le alaben; le humillen o exalten
en un pináculo? Ellos nunca le comprenderán de una forma u otra. Ellos podrán incluso
convertirlo en un ídolo, mientras se imaginen que usted es un espejo fiel de sí
mismos, y colocarlo en el pedestal o el altar que hayan creado para usted, mientras
usted los divierta o los beneficie. Usted no puede esperar ser para ellos más que
un fetiche temporal que ha relevado a otro fetiche apenas derrocado, y al que luego
le seguirá otro ídolo. Permita, por lo tanto, que quienes han creado a ese
ídolo lo destruyan cuando quieran, dejándolo caer por cualquier pequeña causa
como mismo lo alzaron.
La Sociedad Occidental de ustedes no puede
vivir más sin su Khalif de una hora, incapaces de venerarlo por un período más
largo, y cada vez que rompen un ídolo y lo embadurnan de barro, no es el
modelo, sino la imagen desfigurada creada por su propia asquerosa extravagancia
y llena de sus propios vicios, lo que esa Sociedad destrona y rompe.
La teosofía sólo puede encontrar expresión objetiva en un código
generalizado de vida, completamente impregnado con el espíritu de la tolerancia mutua, la caridad y el amor fraternal.
Su Sociedad, como un cuerpo, tiene una tarea ante la cual, a menos que ello se
realice con discreción suprema, causará que el mundo del indiferente y el egoísta
se alce en armas contra ella. La teosofía tiene que combatir la intolerancia, el prejuicio, la ignorancia
y el egoísmo, escondidos bajo el manto de la hipocresía. Tiene que dispensar toda la luz que pueda, de la antorcha de la Verdad que
se le confía a sus servidores. Debe hacer esto sin temor o vacilación, sin
temer que la reprueben o condenen. La teosofía, por su portavoz, la Sociedad,
tiene que decir la Verdad ante el mismo rostro de la Mentira; mantener al tigre
en su guarida, sin pensar o temer malas consecuencias, y ponerse a la defensiva
de las calumnias y las amenazas.
Como una Asociación, no sólo tiene el derecho, sino el deber,
de desenmascarar el vicio y hacer cuanto pueda para el desagravio de las
injusticias, ya sea mediante la voz de sus conferencistas escogidos, o por
medio de la palabra impresa en los diarios y publicaciones haciendo, sin
embargo, sus acusaciones tan impersonales como sea posible. Pero sus hermanos, o sus miembros, no tienen individualmente ese derecho. Sus seguidores tienen, ante todo, que dar el
ejemplo de una moral claramente trazada y firmemente aplicada, antes de obtener
ellos el derecho de indicar, aun en un espíritu bondadoso, la ausencia de una
unidad similar ética y de propósito en otras asociaciones o individuos. Ningún teósofo debe culpar a un hermano
dentro ni fuera de la organización, pronunciar una sentencia en su contra o
denunciarlo, porque él mismo perdería el derecho a ser considerado como un
teósofo. Como tal, tiene que apartar su mirada de
las imperfecciones ajenas, y más bien concentrar su atención sobre sus propios
defectos para corregirlos y ser más sabio. Que no muestre disparidad entre lo que clama y su acción respecto de los
demás, sino, en el caso de un hermano, un vecino, o simplemente el prójimo, que
ayude siempre al más débil que él en el arduo andar por la vida.
El problema de la verdadera Teosofía y su
gran misión es, primero, dilucidar claros e inequívocos conceptos de ideas
éticas y deberes, que mejor y más plenamente
satisfagan los sentimientos correctos y altruistas de los hombres y, segundo,
modelar esos conceptos para adaptarlos a las formas de vida cotidianas, para
que éstos puedan ofrecer una forma de aplicarlos con más acierto.
Tal es el trabajo común que se presenta ante todos los que están dispuestos
a actuar sobre la base de estos principios. Es una tarea laboriosa y requerirá
un arduo y perseverante esfuerzo, pero les llevará hacia el progreso, sin
dejarles espacio para aspiraciones egoístas fuera de los límites trazados... No se consientan personalmente en hacer
comparaciones poco fraternales entre la tarea que ustedes realizan y el trabajo
que sus hermanos o vecinos no hicieron o dejaron a medias. En
los campos de la Teosofía, a nadie se le confiere la tarea de limpiar un terreno
más allá de lo que sus fuerzas o su capacidad se lo permiten.
No sean demasiados severos con los méritos
o la falta de mérito de quien busca ser admitido entre sus filas, porque la
verdad acerca del estado real de un hombre internamente sólo la sabe el Karma,
y sólo puede ser tratada con justicia por esa Ley que todo lo contempla.
Hasta la sencilla presencia entre ustedes
de un individuo bien intencionado y que simpatice con ustedes, les puede ayudar
magnéticamente... Ustedes son trabajadores libres y voluntarios en los campos
de la Verdad y, como tal, no deben colocar obstáculos en los senderos que llevan
a ese campo.
El grado de éxito o de fracaso será la señal que observará el Maestro,
porque esto constituye la barrera colocada por las propias manos de ustedes,
entre ustedes mismos y quienes han pedido que sean sus Maestros. Mientras más
cerca estén de la meta contemplada, más corta será la distancia que separe al
estudiante del Maestro.
(Tomadas de Collected Writings, Vol. VII, pp. 173-175, escritas por un Maestro de la Sabiduría)
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