miércoles, 12 de diciembre de 2018

Las Razas Humanas, CUARTA CONFERENCIA. Parte III


Las Razas Humanas
     CUARTA CONFERENCIA     

Parte III

Tomado del libro: “La Genealogia del Hombre.”
De Annie Besant

Los grandes poderes súper físicos de los Asuras, convertidos ahora en Magos negros del tipo más terrible, impusieron un reinado de terror en aquella parte de la tierra que dominaban. Con el fin de aterrorizar y oprimir, se recurrió a las más negras practicas de la magia. Ayudados por las mujeres semianimales de los de cabeza estrecha de la tercera Raza, y por procedimientos mágicos de indecible asquerosidad, producían monstruos poderosos, los cuales poseían la fuerza del bruto y la astucia del salvaje, y animaban estas viles formas con elementales de los peores tipos. Estos elementales eran sus guardas y mensajeros, los símbolos terribles de su poder y los Señores de la Faz Oscura se elevaron a las alturas del poder, y personificaron a ahamkara, convirtiéndose en los verdaderos Reyes del Averno.
De este modo fueron amalgamadas en torno de un centro único todas las fuerzas de la materia, mientras que por otra parte el Emperador Blanco reunía las suyas para resistir. Entre tanto en las esferas elevadas continuaban los preparativos para el futuro. Entre los Hijos de la Luz, algunos de los cuales habían alcanzado la iluminación suprema, y se habían convertido en Buddhas, existía una gran reserva de fuerza espiritual dispuesta para la elevación del mundo, después de su sumersión en la materia. Doscientos mil años debían pasar todavía antes de que tuviese lugar la gran lucha, cuando los Dragones de Sabiduría comisionaron a uno de sus miembros, Vaivasvata, para elegir de entre la turbulenta quinta subraza, la Semítica, las semillas de la quinta Raza Raíz, y conducidas a la Imperecedera Tierra Sagrada, la cuna, como se ha dicho antes, de cada Raza Raíz. Un millón de años han transcurrido desde que las semillas de la quinta Raza fueron segregadas de la cuarta. Hacia esta inexpugnable fortaleza fueron conducidas sucesivas emigraciones que debían constituir la Raza Elegida, a fin de preservarla de las agitaciones venideras, y tenerla lejos de las escenas de lucha y exterminio. En esta pacifica y risueña tierra podemos ver a Vaivasvata aleccionando a Sus discípulos y a la infantil y aun embrionaria Raza. En ella existe el futuro Zarathushtra, el futuro Hermes, el futuro Orfeo, el futuro Gautama, el futuro Maitreya y muchos otros, velando todos sobre la progresiva semilla. Pero debemos dejar esta pacifica escena y volver a las convulsiones y tumultos de la turbulenta Raza cuarta. Los ejércitos de los Señores de la Faz Oscura principiaron entonces a avanzar hacia el norte, y entre estos y los del Emperador Blanco se libraron una larga serie de combates. Unas veces salían victoriosas las fuerzas oscuras y otras veces las blancas, a pesar de lo cual la balanza de la victoria se inclinaba a favor de las primeras, pues el ciclo era contrario al triunfo del Espíritu, era el tiempo del triunfo de la Materia. Por doquier fluían huestes que se alistaban en las banderas de los Señores Oscuros, pues estos apelaban a las pasiones del lado animal del hombre, fomentando un odio feroz contra los partidarios de la Buena Ley, el odio que siempre siente el lujurioso por el "pálido asceta", el odio del impúdico hacia aquellos cuya pureza es un constante reproche para el. Lentamente, y en medio del flujo y reflujo de las victorias y derrotas, y entre fieros combates y grandes matanzas, la corriente de las fuerzas oscuras prosiguió avanzando. Al fin el Emperador Blanco fue arrojado de su capital, y la Ciudad de las Puertas de Oro, en donde los Reyes divinos habían gobernado, y que había estado embalsamada por los efluvios espirituales que emanaban de los Santos Seres, fue presa de los Señores de la Faz Oscura, y el Emperador Oscuro, el famoso Hiranyakha, fue entronizado en el sitio en donde la Buena Ley había sido proclamada. Se hallo a la Cueva de la Iniciación convertida en un montón de ruinas; a las grandes columnas de la entrada divididas en dos partes, y la bóveda hecha pedazos. Pero en el Templo de Oro, en donde había oficiado un Sacerdocio divino, la sangre de inocentes animales fluyo en inmundas corrientes, y allí donde el Disco del Sol había brillado, las grandes estatuas de los magos negros proyectaron su siniestra mirada.
Al fin la copa del mal se lleno. Unos 50.000 años habían pasado desde la profanación del Templo de Oro. La hechicería había sentado sus reales por doquier, y la etapa más inferior de materialidad había sido alcanzada. Habla llegado el momento en que la tierra debía ser aligerada de la carga de crueldad, lujuria y opresión bajo la cual estaba sumida.
Los Dragones de Sabiduría vieron que habían llegado los tiempos, y que las fuerzas de la naturaleza debían ser dirigidas contra "la oscura casta de los hechiceros". Con este objeto se circularon desde Shambhallah las órdenes oportunas, así para llevar a cabo la sumersión de esta tierra profanada hasta lo indecible, como para salvar a los que quisieran obedecer la intimación de abandonarla, puesto que estaba condenada a perecer. Acerca de este punto dice el Comentario: "Y el gran Rey de la Brillante Faz, el jefe de todos los de la faz amarilla, se entristeció, al ver los pecados de los de la faz negra. Así, pues, mando sus vehículos aéreos a todos sus jefes hermanos con hombres piadosos que los  tripulaban,  diciendo:  Preparaos.  Levantaos vosotros, hombres de la Buena Ley, y cruzad la tierra mientras está seca. Los Señores de la Tempestad se aproximan. Sus carros se hallan próximos a la tierra. Solo una noche y dos días más deben vivir los Señores de la Faz Oscura sobre esta paciente tierra. Ella está condenada a perecer, y ellos deben sumergirse con ella. Los Señores inferiores de los Fuegos están preparando sus mágicas armas. Pero los Señores de Mirada Tenebrosa son más fuertes que ellos, y estos últimos son sus esclavos. Ellos son hábiles en el ejercicio de las armas. Venid y emplead las vuestras. Que los Señores de la Faz Brillante hagan que los vehículos aéreos de los Señores de la Faz Oscura pasen a sus manos, a fin de que ninguno de ellos pueda por su medio escapar a las aguas, evitar el castigo de los Cuatro, y salvar a sus perversos secuaces. Que los de Faz Amarilla suman en el sueño a todos los de Faz Negra. Que asimismo se les evite todo dolor y sufrimiento. Que los hombres adictos a los Dioses Solares impidan que los que se hallan bajo el imperio de los Dioses Lunares, sufran o escapen a su destino. Y que los de Faz Amarilla den su agua de vida a los animales parlantes de los de Faz Negra para que no despierten a sus amos. La hora ha sonado; la negra noche se acerca ... Que su destino se cumpla. Nosotros somos los servidores de los grandes Cuatro. Que vuelvan los Reyes de Luz... Llovieron estrellas (meteoros) sobre las tierras de las Fases Negras; pero ellos dormían. Las bestias parlantes permanecían tranquilas. Los Señores inferiores esperaban ordenes, pero estas no llegaron porque sus amos dormían. Las aguas se elevaron y cubrieron los valles desde uno a otro extremo de la tierra. Las tierras elevadas permanecieron en pie; la parte baja de la tierra continuo seca. Allí moraban los que escaparon a la catástrofe; los hombres de Faz Amarilla y de corazón puro. Cuando los Señores de la Faz Oscura despertaron y buscaron sus vehículos aéreos para escapar de las aguas, no los encontraron"(Comentario, D. S., II, 445-446)
Este es un fragmento de la historia tal como se cuenta en el Comentario. Los "animales parlantes" son los monstruos antes mencionados, y el "agua de vida" es la sangre.
Los hombres de la Buena Ley escaparon al desastre que amagaba, y entonces la tempestad estallo. Furiosas ráfagas de un viento impetuoso convirtieron las aguas del océano en elevadas montañas; convulsiones subterráneas precipitaban inmensas olas sobre la tierra que crujía; lluvias torrenciales sumergieron los valles y cañadas convirtiendo los ríos en cataratas; los montes y cerros, sacudidos y cuarteados por los terremotos, eran lanzados por los aires, y caían en avalanchas de fragmentos sobre la llanura. Parecía que la tierra se dividía y desgarraba sacudida por los choques de las rugientes olas, por el furioso ímpetu de los desbordados ríos, y por el ensordecedor estruendo de las aguas mezclado con los gritos de los hombres y los aullidos de los animales que se ahogaban. De este modo feneció la gloria de los Atlantes, sepultada debajo de las aguas, dejando el recuerdo de un diluvio que se exagero en la literatura de las naciones, y dando lugar a muchas leyendas y poesías en tiempos posteriores.
De este modo fue la tierra aligerada de su pesada carga, y el Negro Arte recibió un golpe del que jamás se ha repuesto. Y los mismos Asuras recibieron una lección que labro su redención, y los condujo gradualmente hacia un progreso estable y seguro. La cuarta subraza, la Turania, no debe interesarnos mucho.
Sus individuos eran preeminentemente los Rakshasas, gigantes de un tipo brutal y feroz, y sus guerras con la joven quinta Raza ocupan bastante lugar en la historia de la India. Como hemos visto, de la quinta subraza, la Semítica, procedieron las semillas de la quinta Raza. Sus individuos eran un pueblo de carácter turbulento y guerrero y una rama de una de sus familias, elegida por el Manu Vaivasvata para semilla de la quinta Raza, y rechazada después porque carecía de plasticidad, es la muy lejana antecesora del pueblo judío.
La sexta rubraza, la Akkadia, nació después de la catástrofe que destruyo las dos terceras partes de la subraza Tolteca, dirigiéndose la tercera parte que sobrevivió hacia el norte y mezclándose más adelante con la naciente quinta Raza. Los pelasgos descienden de esta sexta subraza, con alguna mezcla de la sangre de la séptima subraza. Los etruscos y cartagineses se derivan de la misma raíz, así como también los escitas.
La séptima subraza, la mongola, se desarrollo de la Turania, la cuarta subraza y de ellas descienden los chinos del interior, no los del litoral; los malayos, tibetanos, húngaros, finlandeses y esquimales. Algunos de sus retoños se mezclaron con los toltecas en Norteamérica, y así los pieles rojas tienen alguna sangre Mongolia. Los japoneses son uno de sus últimos retoños.  Una gran parte de esta subraza  se  dirigió  hacia  occidente, estableciéndose en el Asia Menor, Grecia y comarcas contiguas. Allí se hermoseo debido a la mezcla de la sangre de la quinta Raza, de la segunda subraza de la quinta, y dio nacimiento a los antiguos griegos y fenicios. Después de la desaparición de Poseidonis, la postración y decaimiento de las dispersas tribus Atlantes fue rápida, aunque los Atlantes del este de Asia se conservaron incólumes. Los polinesios, samoanos y tongas son reliquias sobrevivientes. Algunas de estas tribus se degradaron hasta el punto de mezclarse con las híbridas criaturas que fueron el producto del pecado de los sin mente. Otras se mezclaron con los degradados restos de la séptima subraza de los Lémures, y los Veddas de Ceilán son los descendientes de semejantes enlaces, del mismo modo que lo son los hombres velludos de Borneo, los isleños de Andaman, los bosquimanos, y algunos aborígenes australianos. La mayor parte de los habitantes de la tierra pertenecen todavía a la cuarta Raza, pero los únicos que al parecer tienen algún porvenir ante si, son los japoneses, y quizás los chinos. Dirijámonos ahora hacia el norte, hacia la Tierra Sagrada, y veamos a nuestro Manu, al santo Vaivasvata, desenvolviendo con una paciencia infinita a Su Raza elegida.
Edades tras edades trabaja El allí; El y Su hueste de cooperadores, formando el núcleo de la futura humanidad, combatiendo lo que es malo, estimulando lo que es bueno, alentando, advirtiendo, persuadiendo, corrigiendo.
Allí el quinto sentido es añadido a los otros cuatro, y el hombre es formado tal como lo conocemos ahora. Allí El dirige el renacimiento de los grandes Asuras, y les enseña a emplear sus poderes para más nobles fines. Allí El atrae a las más brillantes inteligencias, a los caracteres más puros, para que renazcan en las formas que El desarrolla. Y allí moran estas inteligencias bajo la protección de la Estrella Polar, lejos de los tumultos y convulsiones de la tierra, modelándose gradualmente en un nuevo y más perfecto tipo.
Mientras tanto la superficie del globo sufre múltiples transformaciones con respecto a sus tierras y mares. El nuevo continente Krauncha, Europa, Asia, África, América y Australia actuales no ha nacido todavía. Con grandes dificultades aparecen una porción después de otra, en tanto que otras porciones se sumergen, hasta que la gran convulsión de hace 200.000 años deja a Poseidonis sola en medio del Atlántico, y a la configuración de los grandes continentes casi tal como es hoy día. Este quinto "continente" - incluyendo este término toda la superficie de la tierra preparada para una Raza Raíz- perecerá en el decurso de las edades debido a los terremotos y fuegos volcánicos, casi del mismo modo que pereció la Lemuria en los antiguos tiempos. El mundo es destruido por turno unas veces por el fuego y otras por el agua, y nuestro mundo perecerá por el fuego, como le sucedió a la Lemuria. La quinta Raza se desarrollo bajo la protección de Buddha -Mercurio- pues el desenvolvimiento de la mente era su principal objetivo, y así el planeta del conocimiento derramo sus benéficos efluvios sobre ella a la hora de su nacimiento.
De aquí que, en los relatos Puranicos, se diga que Buddha es el hijo de Indu, siendo Indu, la Luna, el Señor de la cuarta Raza, el progenitor, y Buddha, el Señor de la quinta Raza, la progenie.

viernes, 7 de diciembre de 2018

Las Razas Humanas CUARTA CONFERENCIA. Parte II


Las Razas Humanas
CUARTA CONFERENCIA     

Parte II

Tomado del libro: “La Genealogia del Hombre.”
De Annie Besant

Hasta después de su completa desaparición como órgano físico, los hombres fueron susceptibles a los impulsos astrales, y la impresionabilidad súper física era de carácter común entre ellos. En los tiempos de la degradación Tolteca, las clases elevadas recurrieron a la magia negra con el fin de despojar de esta facultad a aquellos a quienes ellos oprimían y esclavizaban. No solo dejaron de estimular y desarrollar esta facultad, como se hacía en los tiempos primitivos, sino que hicieron cuanto estuvo en su mano para entorpecerla y hasta destruirla. A pesar de todo, ella subsiste todavía bastante extendida entre muchas naciones y tribus de la cuarta Raza. El lenguaje era en estos tiempos aglutinativo, así entre los Toltecas como entre la cuarta y quinta subrazas -la Turania y la Semítica- y éste era el más antiguo lenguaje Rakshasa, llamado así como típico de los gigantes Turanios, a quienes se aplicó especialmente el nombre de Rakshasas. A medida que los tiempos pasaron, el lenguaje se hizo inflexivo, y en esta forma paso a la quinta Raza.
Su estatura, como se ha dicho, era gigantesca; Titanes, Gigantes, son los nombres que con frecuencia se les aplican, pero esta estatura disminuyo gradualmente subraza tras subraza. Las estatuas de la Isla de Pascua tienen cerca de veintisiete pies de altura, y representan la cuarta Raza humana en su periodo medio.
Las estatuas de Bamián, cinco en número, dice H. P. B. que son obra de la cuarta Raza de Iniciados, y representan la gradual disminución de estatura de las cinco razas.
La primera de dichas estatuas tiene 173 pies de altura, representando la primera raza; la segunda, la de los nacidos del Sudor, 120 pies; la tercera, la de la tercera Raza, 60 pies; la cuarta y quinta son más pequeñas, siendo la última de ellas un poco más alta que un hombre de elevada estatura de la quinta raza. Estas estatuas han sido recubiertas de  yeso,  y se las ha  hecho representar al Señor Buddha, pero las estatuas originales cortadas en la roca que están recubiertas de yeso fueron labradas muchas edades antes de Su Venida (D. S, II, 353, 355). En la tercera subraza, la Tolteca encarnaron algunos de los más grandes Asuras, Inteligencias de un poder y conocimiento altamente desarrollados, hallando en el tipo más hermoso y elevado de los cuerpos Toltecas, vehículos que, por otra parte, adquirieron rápidamente un desarrollo todavía mayor bajo la estimulante presión del interior. Detrás de ellos vinieron los Asuras que ya anteriormente habían encarnado en la primera y segunda subrazas, así como vinieron también los Pitris Solares que en estas mismas subrazas habían pasado por sus primeras encarnaciones terrestres. Tales eran las clases elevadas de los primitivos Toltecas, y por debajo de ellas había una gran masa de pueblo menos desarrollado, aunque dócil y flexible, y a propósito para ser gobernado y dirigido. Después de estos Asuras y Pitris Solares vinieron los Reyes divinos para ayudarles a desarrollar una gran civilización, y los Dragones de Sabiduría velaron este nuevo desenvolvimiento de la raza humana que tanto prometía en el vigor de su espléndida y fogosa juventud. De aquí que se diga que esta subraza, llamada los Daityas en los Puranas, fue instruida por Shukra, dirigiéndola los Reyes divinos Agnishvatta bajo las inmediatas órdenes y protección de los Dragones de Sabiduría de Venus. De aquí que se diga también que Shukra es el preceptor de los Asuras.
Bajo estas favorables condiciones, esto es, bajo la protección de estos Instructores y Gobernadores divinos por una parte, y de un pueblo apto para ser instruido por otra, la civilización Tolteca creció y se desarrolló. En ella floreció Asuramaya, el más grande de los astrónomos, quien dio principio a los anales astronómicos desde entonces conservados por la Logia Blanca, y quien construyó el Zodiaco, que sucesivamente fue transmitido de generación en generación hasta los Atlantes de Ruta, de quienes lo heredaron los Egipcios en el decurso de las edades.
De tiempo en tiempo apareció entre ellos el misterioso Narada, el Hijo de voluntad y de yoga, El que había aprendido el secreto de aparecer sobre la tierra durante edades incalculables, pasando de un cuerpo a otro, árbitro del destino de las naciones, guía y director de las giratorias ruedas del cambio, y de quien proceden las chispas que dan lugar a las guerras y convulsiones naturales.
El estudio de las energías de la naturaleza fue llevado a un grado tal de perfección por estos activos discípulos de los Sabios, que todavía no ha sido alcanzado por ningún hombre hasta el presente. Consiguieron subyugar las sutiles energías del éter, y aprendieron a surcar los aires en navíos aéreos, del mismo modo que los buques de vapor surcan las aguas de los mares; estos navíos aéreos fueron empleados en las grandes guerras que marcaron los últimos tiempos de la supremacía Tolteca. En los relatos antiguos pueden encontrarse muchos datos referentes a combates librados en los aires entre ejércitos enemigos. En estos últimos tiempos, emplearon los conocimientos que en química poseían para construir armas que llevaron la destrucción a lo lejos. Elevaban por los aires un buque de guerra, y cuando se hallaba sobre las cabezas de los combatientes, dejaba caer súbitamente sobre ellos una lluvia de pesados vapores venenosos que narcotizaban o mataban a millares de indefensos guerreros; o arrojaban enormes bombas que explotaban al chocar con el suelo, esparciendo por doquier cientos de miles de balas o flechas incandescentes que sembraban la tierra de mutilados cadáveres.
En los primitivos tiempos, sus estudios científicos fueron dirigidos a fines mas humanos y benéficos; al fomento y desarrollo de la agricultura; a la cría y mejoramiento de los tipos animales; a la producción de granos alimenticios; al cultivo de los árboles frutales; a la fertilización del suelo, y al empleo de la luz de diversos colores para estimular el crecimiento de los animales y plantas, e impedir en ellos el desarrollo de enfermedades.
Hacían, además, uso en gran escala de la alquimia, la madre de la química, para producir lo que ahora se llaman metales "preciosos", pero que entonces solo se estimaban por su belleza como agentes decorativos. El oro era empleado en abundancia en casas y templos, y en las moradas de los ricos, en los palacios de los gobernadores, y en los templos destinados al culto, se veían profusión de columnas doradas. También llevaron a cabo muchas magnificas  aleaciones  con  el  objeto de embellecer y decorar  sus  edificios y palacios, contribuyendo su brillo metálico al esplendor de las ciudades.
La arquitectura fue el arte que rayo a mayor altura entre los Toltecas, pues algunas de sus grandes ciudades eran modelos de solidez y belleza. La más hermosa de ellas era la famosa "Ciudad de las Puertas de Oro", construida sobre una colina coronada por el magnífico Templo de Oro, a la vez que por un templo y un palacio, con sus galerías sostenidas por columnas y patios ricamente adornados, todo lo cual constituía la morada de los Reyes divinos que a tan espléndidas alturas elevaron el Imperio Tolteca. La pintura y el dorado eran profusamente empleados para embellecer el exterior de las casas, así como la estatuaria, los bajo relieves y las molduras de toda clase (En la interesante Historia de los Atlantes, por W. Scott Elliot, se hallarán muchos detalles referentes a este punto).
El sistema de gobierno establecido por los Reyes divinos estaba basado en la idea general de que el conocimiento y el poder deben llevar consigo los cuidados y la responsabilidad, y que la debilidad solo era un motivo de protección, mas no una razón para tiranizar y oprimir. La educación era de carácter general, si bien de muchas clases, conforme con las aptitudes que presentaba el educando. En los tiempos en que la civilización Tolteca alcanzo su mayor esplendor, cada capital de provincia poseía su colegio central, con un departamento para cada arte, ciencia y rama de literatura, con colegios subalternos establecidos a través de toda la provincia, por medio de los cuales se comunicaba el conocimiento de todos los descubrimientos que tendían al mejoramiento de la aplicación de la Ciencia a la producción. El progreso en las Ciencias era estimulado por medio de una ley según la cual se hacían pasar individuos desde los deberes activos que consistían en ejecutar una determinada labor, cuando estos individuos hablan ya pasado más allá del cenit de sus fuerzas físicas, a los trabajos del laboratorio y del estudio, si es que no hacían falta para dirigir grandes empresas industriales, para desempeñar funciones judiciales, o para dirigir la nave del Estado. Las clases menos desarrolladas eran educadas para la agricultura, para las manufacturas, y para toda clase de labores manuales, y su bienestar y comodidad, a los que se atendía por medio de provisiones de abundante alimento y abrigo, eran consideradas como uno de los principales deberes del gobierno. Un gobernador cuyo pueblo estuviese descontento, mal gobernado, mal abastecido, era depuesto de su empleo como siendo inepto o negligente en el desempeño de su cometido, y por cualquier disturbio de carácter algún tanto grave, era castigado por medio de una multa o bien se le encarcelaba.
Muchas huellas de estos métodos y costumbres pueden encontrarse todavía en los fragmentos de la literatura más antigua, ocultas en los libros de naciones que cuentan con un remoto pasado.
Estas huellas aparecen en algunos de los libros chinos, y algunos de los fragmentos descubiertos de civilizaciones relativamente modernas, (En la interesante Historia de los Atlantes, por W. Scott Elliot, se hallaran muchos detalles referentes a este punto) En la interesante Historia de los Atlantes, por W. Scott Elliot, se hallaran muchos detalles referentes a este punto aunque al presente desaparecidas, demuestran el paternal y solicito cuidado ejercido por los Gobernadores sobre su pueblo. La magnifica, aunque gastada y decadente civilización del Perú, destruida por Pizarro y sus españoles, presentaba algunas débiles huellas del mundo antiguo del cual la derivo.
El Imperio Tolteca se extendió desde su centro, el continente Atlante propiamente dicho, la tierra que ahora se halla  sumergida debajo del Océano  Atlántico, hacia el occidente sobre la tierra que entonces estaba comprendida en el Norte y Sur de América; también se extendió hacia el oriente en el norte de África y Egipto, supeditando a su gobierno muchas naciones procedentes de la mezcla de la segunda subraza con los Lemures, y de la -cuarta y quinta subrazas más jóvenes que se desarrollaban en sus respectivos centros.
Cuando el Imperio Tolteca hubo alcanzado su punto más elevado, la dinastía divina toco a su fin, pues la sabiduría de la gran Jerarquía vio que habla llegado el tiempo en que la humanidad debía marchar por si sola durante un determinado periodo, obteniendo el conocimiento por medio de sus propias experiencias, y la fuerza por medio de sus fracasos y caídas.
Después de esto se siguió una larga serie de Reyes Adeptos, discípulos de los grandes Señores, pero ahora el ahamkara de los Asuras encarnados, fomentado por el poder y el mando, principio a tomar peligrosas proporciones a medida que su fuerza y predominio aumento, y a medida que la potente mano de los Reyes divinos abandono las riendas del poder, y los destinos del Imperio pasaron a ser regidos por una autoridad más débil. Las Stanzas describen su historia en un breve y sustancioso bosquejo: "Entonces la tercera y cuarta crecieron en orgullo. Nosotros somos los Reyes; nosotros somos los Dioses, dijeron. Tomaron esposas de hermosa apariencia que eligieron de entre los sin mente, los de cabeza estrecha. De esta suerte procrearon monstruos, machos y hembras, también Khado, de escasa mentalidad. Construyeron templos para el cuerpo humano. A varones y hembras ellos adoraron. Entonces el tercer ojo cesó de funcionar. Construyeron grandes ciudades; de tierras y metales raros las construyeron. De los fuegos vomitados, de la piedra blanca y negra de las montañas labraron sus propias imágenes según su talla y semejanza, y las adoraron. Labraron grandes estatuas, de nueve yatis (Veintisiete pies.) de altura, la talla de sus cuerpos. Fuegos internos habían destruido la tierra de sus padres. El agua amenazaba a la cuarta (Stanzas, D. S., II, 23-24.)
Permítasenos aclarar y completar este bosquejo. Ante todo debo decir, con todo el respeto debido, que "la tercera y cuarta" no significan, como se dice en la nota de la página 284, la tercera y cuarta Razas, sino la tercera y cuarta subrazas de la cuarta Raza. En la primera sloka de la Stanza X se dice por modo claro y distinto que: "la tercera Raza dio nacimiento a la cuarta", y luego se mencionan las cuatro primeras subrazas que sucesivamente nacieron. Incluir en esta etapa a la tercera Raza, cuyos degradados restos fueron esparcidos entre las naciones de la cuarta Raza, es una incongruencia evidente, y con ello se falsea la historia; al paso que, si leemos "tercera y cuarta" aplicándolas a las subrazas, el conjunto de la historia tiene una trabazón lógica y razonable.
En esta etapa de la tercera subraza, la del domino Tolteca, la cuarta subraza, la Turania, habla crecido en poder en los países orientales, aunque todavía era tributaria del Emperador blanco de la Ciudad de las Puertas de Oro, y en la última lucha se alió con los rebeldes del sur. Estas subrazas eran la "tercera y cuarta" que "creció en orgullo". La quinta subraza era también de carácter pendenciero, y fue siguiendo su turbulento sistema para alcanzar el poder en el norte, pero, por el momento, nada tenemos que decir con respecto a ella.
Los Asuras encarnados se revelaron gradualmente contra el gobierno del Emperador Blanco; al principio secretamente, desobedeciendo las Ordenes procedentes de la capital, y esparciendo la idea de que el lejano Soberano era mucho menos útil al pueblo que los Virreyes que este tenía cerca de sí. De este modo consiguieron obtener un poder e influencia cada vez mayores, usurpando en todos sentidos la autoridad imperial. Para aumentar su poderío y grandeza a los ojos del pueblo, lo deslumbraban con la exhibición de poderes mágicos, empleando los grandes recursos del conocimiento súper físico que poseían para engrandecerse, y se rodeaban del mayor misterio para inspirar respeto y terror a los ignorantes. Con el objeto de conseguir que el pueblo se alejara cada vez mas del Emperador Blanco, introdujeron gradualmente muchos cambios en el culto religioso, y sustituyeron las suntuosas fiestas, los brillantes espectáculos y las pompas exteriores, al grandioso y algún tanto severo ritual instituido por los Reyes divinos. Los templos primitivos eran de sólida grandeza, relucientes de oro y ricos en joyas, pero todo era puro y casto, sencillo y grandioso.
Un brillante Sol de oro era el objeto central, la imagen y símbolo del Sol celestial, y este, a su vez, no era más que el símbolo, el ropaje radiante del Señor de la Luz y Amor, el Gobernador del sistema solar, en el cual El velaba Su Presencia de luz inefable.
El culto consistía en cantos sonoros y grandiosas masas de rítmica danza, con guirnaldas de flores y nubes de oloroso incienso que flotaban por los aires, conjunto espléndido y majestuoso sin duda, pero sin embargo de un carácter tan puro y sencillo como severo y elevado. Contigua al Templo de Oro de la capital, existía la Cámara Blanca, o Cueva de la Iniciación, en donde los discípulos de los Dragones de Sabiduría recibían el óleo santo, en donde brillaba la Estrella de la Iniciación sobre la cabeza del Hierofante, y en donde de tiempo en tiempo aparecían las radiantes formas de los Hijos del Fuego. Esto era lo que confería al Templo su augusta santidad, y hacia que fuese el foco del poder espiritual. Hacia él dirigía su corazón el pueblo; en torno de él brillaba constantemente la aureola de su devoción; él era el símbolo visible de la protección de los Dragones de Sabiduría.
Bien sabían los ambiciosos Asuras que mientras el Templo de Oro y la Cámara Blanca fuesen el punto hacia donde estuviesen dirigidas todas las miradas, el corazón agradecido del Imperio Tolteca, el corazón del pueblo permanecería allí. De aquí que determinaron crear una nueva capital, y establecieron en ella un Emperador rival llamado Thevatat, construyendo en su palacio un nuevo templo y una nueva cámara de iniciación. Para dar a este nuevo centro el carácter de súper físico, llamaron en su ayuda a poderosos Elementales del mundo astral inferior, los cuales aparecían en medio de ellos en los grandes festivales, y recibían, vestidos exteriormente de una manera deslumbrante, las ofrendas y adoraciones del pueblo. Después de algún tiempo, para tener a estos terribles seres más estrechamente consagrados a su servicio, principiaron por ofrecerles sacrificios de animales, y en los grandes festivales hasta sacrificios humanos. Después de estos sacrificios principiaron las practicas licenciosas, puesto que la crueldad y la lujuria tienen su natural afinidad, hasta que las orgías de la clase más vil y abyecta ocuparon las noches que se seguían a los días empleados en representar combates y sangrientos sacrificios.
El próximo paso hacia su perdición y ruina fue dado cuando los jefes de los Asuras se proclamaron a sí mismos objeto del culto divino: "Nosotros somos los Reyes; nosotros somos los Dioses", y, esculpiendo grandes estatuas de sí mismos, las colocaron en los templos como objetos de adoración, y el poder creador del hombre, reflexión del poder divino, fue sustituido a aquella energía espiritual de la cual era el representante físico. De este modo se entronizo el falicismo con todo su sequito de repugnantes abominaciones.


jueves, 6 de diciembre de 2018

Las Razas Humanas, CUARTA CONFERENCIA, Parte I


      CUARTA CONFERENCIA     

Parte I

Tomado del libro: “La Genealogia del Hombre.”
De Annie Besant

Queridos amigos: Hemos visto que el hombre se separó en sexos a la mitad de la tercera Raza, hace de ello unos 18.000.000 de años. Sin embargo, mientras el tercer ojo no quedó completamente obstruido por la densa materia, la Mónada ejerció directamente alguna ligera influencia sobre sus vehículos. Esta influencia disminuyó a medida que la densidad de la materia aumentó, y desarrollándose más y más la mente inferior, arrastró a la Mónada hasta el fondo, obligando a que pasasen a través de ella toda clase de influencias. En los tiempos en que la cuarta Raza nació, la parte más avanzada de la humanidad había negado a este estado, y de aquí que se diga que los Atlantes eran la "primera raza verdaderamente humana y terrestre" (D. S., II, 218.).

El  continente  Atlante  surgió  lentamente  a  medida  que  el  continente  Lemuria  se  cuarteó,  debido  a  los terremotos y erupciones volcánicas: el uno surgió a medida que el otro se hundió. Los tipos más idóneos para la cuarta Raza -los más intelectualmente desarrollados, los más robustos y más densos de cuerpo- fueron elegidos de la tercera Raza por el Manu de la cuarta, y fueron conducidos hacia el norte, hacia la Imperecedera Tierra Sagrada, para ser aislados y desarrollados, y para establecerlos, al abandonar esta "una de las razas, en las partes norte del Asia no afectadas por las grandes catástrofes Lemures. Las primeras dos subrazas de los Atlantes fueron contemporáneas de la sexta y séptima subrazas Lemures durante la última parte de la Edad Secundaria que precedió a la gran catástrofe Lemur que tuvo lugar 700.000 años antes de la conclusión de dicha edad. El período más glorioso de espiritualidad de la cuarta Raza -el de su dinastía divina- se desarrolló en la Edad Eocena, y el primer gran cataclismo que la destruyó tuvo lugar cerca de la mitad de la Edad Miocena, hace de ellos unos cuatro millones de años. Otra grande y espléndida civilización -la Tolteca- se desarrolló después de este primer cataclismo, la cual fue destruida por la catástrofe de hace 850.000 años . Otras civilizaciones siguieron a ésta, pero ninguna de ellas rayó a tanta altura. De estas últimas hablaremos luego. El último resto del continente Atlante, la isla llamada Poseidonis por Platón, se sumergió 11.000 años hace, 9504 años antes de Cristo. El enorme continente que nosotros llamamos Atlante, el continente de la cuarta Raza, llamado Kusha en los anales ocultos, abarcaba el norte de Asia -intacto, como se ha dicho, desde los tiempos Lemures extendiéndose más allá del norte del gran mar que ahora es el Desierto de Gobi. Se extendía hacia el oriente en una grande y compacta lengua de tierra que incluía la China y el Japón, pasando más allá de ellos a través del actual Océano.
Existe una gran oscuridad acerca de estas fechas. H. P. B. coloca la primera catástrofe a la mitad de la Edad Miocena (D. S., II, 751, 755); Y en la nota de la página 328 dice que "la mayor parte del continente Atlante pereció algunos millones de años hace".
La catástrofe de hace 850.000 años, la de la Edad Pliocena, la llama la de la Ruta y Daitya, evidentemente porque la tierra que posteriormente formó las islas así llamadas fue entonces separada de América, y coloca la primera división de la Raza Aria cerca de 200.000 años antes de esta catástrofe, esto es, más de un millón de años.
De este modo la edad de la quinta Raza se fija una vez más (II, 9), Y esto coincide con otras autoridades, pudiendo ser considerada provisionalmente como exacta. Pero esto está en abierta oposición con un dato aislado (II, 755) que coloca este millón de años antes de la catástrofe Miocena, contradiciendo por completo los otros datos que concuerdan entre sí, y que generalmente han sido aceptados. Entre la Doctrina Secreta y la Historia de los Atlantes existe una seria discrepancia. La catástrofe de hace 850.000 años es la segunda, según la Doctrina Secreta, pero según la Historia de los Atlantes es la primera. La tercera (o segunda) catástrofe de hace 200.000 años no se menciona en la Doctrina Secreta, al paso que en la Historia de los Atlantes se habla de ella como de una cosa "relativamente insignificante'. Además, la Doctrina Secreta tampoco se ocupa de la catástrofe de hace 80.000 años. El hecho es que las convulsiones y la división de los hechos del océano continuaron más o menos violentamente durante edades, y una u otra convulsión debía ser elegida como dato para hacer constar este hecho. Por lo que a mí se refiere, no poseo dato alguno para poder fijar fechas antiguas y, por lo tanto, en este bosquejo he tomado los de la Doctrina Secreta.
Pacífico del norte, tocando casi las costas occidentales de la América del Norte. Hacia el sur abarcaba la India y Ceilán, Burmah y la península Malaya, y hacia el oriente incluía la Persia, la Arabia y Siria, el Mar Rojo y Abisinia, ocupando la cuenca del Mediterráneo, cubriendo el sur de Italia y España y proyectándose desde Escocia e Irlanda, hallándose sobre la superficie de las aguas lo que es ahora mar, se extendía hacia el occidente, abarcando el actual Océano Atlántico y una gran parte del Norte y Sur de América. La catástrofe que lo dividio a la mitad de la Edad Miocena, hace cerca de cuatro millones de años, en siete islas de diversos tamaños, hizo aparecer sobre la superficie de las aguas Noruega y Suecia, una gran parte del sur de Europa, Egipto, casi toda el América, y una gran porción del Norte de América, al paso que, hundiéndose el norte de Asia, separo a los Atlantes de la Imperecedera Tierra Sagrada. Las tierras posteriormente llamadas Ruta y Daitya, al presente lecho del Atlántico, fueron separadas de América; sin embargo, una lengua de tierra las unja, lengua que se sumergió en la catástrofe de hace 850.000 años, en el último periodo Plioceno, dejando a las dos tierras como islas separadas. Estas dos islas perecieron a su vez hace de ello unos 200.000 años, dejando Poseidonis en medio del Atlántico. Con respecto a las fechas en que ocurrieron las catástrofes, y a la relativa distribución de mar y tierra, debe recordarse que estas fechas varían según sean las catástrofes elegidas por el cronista, y el punto entre periodos enormemente separados en el cual se hace el mapa. Los informes de que se dispone son fragmentarios, Y no siempre es fácil hacerlos concordar; de aquí que las fechas más arriba dadas deben ser consideradas como provisionales.
Los Lemures elegidos como progenitores del tronco Atlante, y guiados por su Manu a la Imperecedera Tierra Sagrada, fueron divididos en grupos, ocupando las siete zonas o promontorios de la tierra. "Así, dos por dos, en las siete zonas", dice el Libro de Dzyam, "La tercera Raza dio nacimiento a la cuarta (Stanzas, D. S., II, 23.), hace de ello cerca de ocho millones de años, en la última parte de la Edad Secundaria. Nacieron bajo el imperio de la Luna y Saturno - Soma y Shani- y mucha de la magia negra que se desarrollo entre ellos, especialmente en la subraza Tolteca, fue obtenida por medio de un hábil empleo de los "rayos oscuros" de la luna, las emanaciones de la parte oscura de la luna. A Saturno fue en parte debido al gran desarrollo de la mente concreta que distinguió a esta subraza, y una gran parte del saber egipcio fue obtenido bajo su influencia. Eran también llamados los "hijos de Padmapani", siendo la flor del loto un símbolo de la generación, una alusión al hecho de que la cuarta Raza fue generada por la unión de los sexos. La gran densidad alcanzada entonces por el cuerpo humano trajo a la mente el claro conocimiento de los choques ocasionados por los sólidos, a cuyos choques las formas más sutiles de los primitivos tiempos apenas habían ofrecido resistencia.
En la primera subraza de la cuarta Raza, la Rmoahal, de hermoso color, encarnaron los Asuras, la primera clase de Pítris Solares y Mónadas exlunares. Después de largas edades, cuando el tipo Atlante fue definitivamente formado, se dirigieron hacia el sur, y bajo la dirección y gobierno de sus Reyes divinos, los Pitris Agnishvatta, desarrollaron gradualmente una poderosa civilización. Rechazaron ante sí a los Lemures que todavía habitaban en Africa y en las tierras contiguas que habían surgido del Atlántico, construyendo grandes ciudades, y convirtiéndose en un pueblo fijo y estable. El tercer ojo funcionaba todavía, pero los dos ojos físicos ordinarios se habían desarrollado y lo reemplazaban. El mundo astral no se había cerrado todavía por completo a la visión ordinaria, de suerte que aún existía bastante susceptibilidad a las impresiones astrales, y mucha docilidad a los mandatos de sus Gobernadores divinos en los cuales confiaban, y quienes eran prácticamente adorados por aquellos a quienes Ellos dirigían y educaban. Los Asuras no eran aún bastante dueños de sus cuerpos para poder dirigir su atención al dominio de los demás, y la joven civilización continuó tranquilamente su marcha. La segunda subraza, los Tlavatli, de color amarillo, se desarrolló en la tierra que ahora se halla debajo del Atlántico, dirigida y guiada todavía desde arriba por los Reyes divinos. A medida que pasaron los tiempos, los Asuras se colocaron asidua y regularmente a la cabeza de la evolución humana, pero todavía eran dóciles a los mandatos de los Señores de la Luz, gobernando grandes comarcas y trabajando por el mejoramiento de la agricultura y arquitectura, las cuales hicieron grandes progresos bajo su acertada dirección. Nada hay en la civilización Atlante tan pacíficamente grande como este primer período que transcurrió bajo el gobierno de los Reyes divinos. Mientras tanto, bajo el cielo occidental, principiaban a desarrollarse las semillas de una subraza más intelectual a la par que más densamente física, la subraza llamada Tolteca, destinada a llevar la civilización de la cuarta Raza a su más elevado nivel material, y también a sufrir su más tremenda caída. Los más poderosos Asuras y los mejores Pitris Solares encarnaron en ella, estableciéndose en tierras que no habían sido afectadas por la gran convulsión que dividió el continente Atlante en las siete grandes islas. Esta convulsión destruyó la mayor parte de la primera y segunda subrazas, dejando sólo algunos restos. Los restos de la primera subraza se dirigieron hacia el norte, disminuyeron de estatura, y cayeron en la barbarie. Los restos de la segunda subraza se dirigieron hacia el sur y oriente, y se mezclaron con los Lemures que todavía quedaban en las comarcas que invadieron, dando así origen a los pueblos Dravidianos.
De este modo fue despejado el campo para dar lugar a la acción de la gran subraza Tolteca, raza hermosa y bien proporcionada, gigantesca todavía, de unos veintisiete pies de estatura, pero de aspecto agradable, de color desde el rojo al rojo-oscuro. Sus cuerpos y los de la cuarta y quinta subrazas, eran de una materia más densa que ninguno de los que les precedieron o siguieron después; estos cuerpos poseían una dureza y solidez suficientes para poder doblar una barra de nuestro hierro actual si se arrojaba violentamente contra ellos o para romper una barra de nuestro acero si se les golpeaba fuertemente con ella. Uno de nuestros cuchillos no hubiera podido cortar su carne, y más que a su carne cortaría un trozo de nuestra piedra actual. Inútil será añadir que los minerales de su tiempo eran mucho más duros que los nuestros, y que su relativa dureza con respecto a estos cuerpos humanos, era tanta como la de nuestros minerales con respecto a nuestros cuerpos actuales. Otra peculiaridad era el extraordinario poder que poseían de curarse las heridas. Con la mayor facilidad se curaban las más profundas y graves heridas que recibían en las batallas o por accidentes, pues la carne se volvía a unir y sanaba con la más asombrosa rapidez. No experimentaban sacudimientos nerviosos a causa de graves heridas, ni sufrían muy intensamente debido a las torturas físicas que la crueldad humana infringía deliberadamente. La estructura nerviosa era robusta pero no delicada, ni estaba primorosamente equilibrada en su  entrelazamiento interno.  De  aquí  que  pudiese  soportar  sin  detrimento,  sacudimientos  y  choques  que postrarían a un hombre de la quinta Raza, y sufrir tensiones violentas y convulsiones que, a este hombre de la quinta Raza, le producirían la ruina del sistema nervioso. Una carne semejante a la roca, y unos nervios semejantes a alambres de acero, describiría a la perfección los cuerpos de estas subrazas. El naciente sentido del gusto solo respondía a los estimulantes cuya naturaleza era muy poderosa, y no podía distinguir ningún sabor delicado. La carne pútrida, el pescado cuyo sabor era muy fuerte y pronunciado, el ajo y todas las plantas de sabor muy acre y picante; los sólidos y líquidos más ásperos y amargos, eran para ellos los únicos manjares apetitosos. Todo lo demás era insípido y carecía de sabor para ellos. Como que no poseían el sentido del olfato, podían vivir tranquilos en medio de la mayor inmundicia, y aunque las clases elevadas eran más escrupulosas en cuanto a sus personas y moradas, la vecindad de la inmundicia no les inquietaba en lo mínimo, con tal que no ofendiese su vista. Las huellas de estas peculiaridades físicas todavía persisten en un gran número de sus descendientes. Los Indios del Norte de América se reponen de heridas que matarían al hombre de la quinta Raza, ya sea que dichas heridas afecten los tejidos o el sistema nervioso. Estos indios pueden soportar valientemente torturas bajo las cuales el hombre de la quinta raza desfallecería al momento. Los burmanos conservan carne y pescado, y cuando estos alimentos se hallan en estado de descomposición, los saborean como un manjar delicado, y todos pueden vivir entre pestilenciales hedores que producirían náuseas al hombre de la quinta Raza.
El tercer ojo, que, como hemos visto, se había retirado al interior, y se había oscurecido más y más con el incremento de la densidad de la materia, desapareció por completo como órgano físico durante la subraza Tolteca, pero continuo funcionando activamente durante largas edades en las subrazas sucesivas.