lunes, 21 de diciembre de 2015

LAS CARTAS DE LOS MAHATMAS. CARTA N°. 37

LAS CARTAS DE LOS MAHATMAS.
CARTA N°. 37
Carta del Mahatma K.H. a A. P. Sinnett.
 (Carta escrita por un chela del Maestro)

CARTA Nº 37
Recibida en Allahabad, enero de 1882
Privada
Honorable señor:
El Maestro ha despertado y me pide que escriba. Sintiéndolo mucho, por ciertas razones, hasta que no haya transcurrido cierto tiempo no podrá exponerse a las corrientes de pensamiento que afluyen de una forma tan poderosa desde el otro lado del Himavat (Himalaya.). Por esta razón se me ha ordenado que sea la mano que redacte Su mensaje. He de decirle que El "sigue siendo tan amigo suyo ahora como antes, y está muy satisfecho, tanto de sus buenas intenciones como también de la manera de llevarlas a cabo, hasta donde alcanzan sus posibilidades.
Usted ha demostrado su afecto y su sinceridad con su dedicación.
El impulso que ha dado personalmente a la Causa que amamos no se detendrá; por lo tanto, sus frutos (prescindimos de la palabra "recompensa porque la usan los "santurrones") no le serán negados cuando se ajuste su balanza de causas y efectos —su Karma.
Trabajando con generosidad y riesgo personal por su prójimo, usted ha trabajado muy provechosamente para sí mismo.
Un año ha marcado un gran cambio en su corazón.
El hombre de 1880 apenas reconocería al hombre de 1881, si fueran confrontados. Compárelos, pues, mi buen amigo y Hermano, para que pueda darse cuenta de lo que el tiempo ha hecho, o mejor dicho, de lo que usted ha hecho con el tiempo. Para hacer esto medite —sólo para contemplarse en el mágico espejo de la memoria.
De este modo, usted no sólo verá las luces y las sombras del Pasado, sino también los posibles esplendores del Futuro. Así, en su momento, llegará a ver el Ego de otros tiempos en su desnuda realidad. Y así también, usted sabrá de mí, directamente, en la primera oportunidad que se presente, "porque nosotros no somos ingratos, y ni siquiera el Nirvana puede obliterar el BIEN".
Estas son las palabras del Maestro, cuando con Su ayuda se me permite expresarlas en su
lengua, honorable señor. Al mismo tiempo, se me autoriza personalmente a darle las más
expresivas gracias por la sincera comprensión que demostró hacia mí en el momento en que un leve accidente ocasionado por un descuido mío, me dejó postrado en mi lecho de enfermo.
Aunque puede que usted haya leído en las obras modernas sobre mesmerismo de qué manera lo que nosotros llamamos "Esencia de la Voluntad" —y ustedes "fluido"— se transmite desde el operador hasta el punto de su objetivo, usted tal vez apenas se dé cuenta de cómo, prácticamente cada uno, si bien inconscientemente, está poniendo de manifiesto esta ley cada día y en cada momento.
Tampoco puede usted darse cuenta totalmente de cómo la preparación para el adeptado aumenta la capacidad de uno, tanto para emitir como para captar esa clase de fuerza. Le aseguro a usted que, aún cuando no soy más que un humilde chela, sentí sus buenos deseos llegando hasta mí, como un convaleciente siente, en las frías montañas, que le llega la suave brisa desde las bajas llanuras.
También debo decirle que en cierto señor Bennett, de América, que pronto llegará a Bombay, puede usted reconocer a una persona que, a pesar de su provincialismo nacional, que usted tanto detesta, y de su pronunciada inclinación hacia el ateísmo, es uno de nuestros agentes (cosa que él desconoce) para llevar a la práctica el plan para la liberación del pensamiento occidental de las creencias supersticiosas. Si usted puede encontrar la manera de proporcionarle una idea correcta del verdadero estado actual y del estado potencial futuro del pensamiento asiático, pero más particularmente del pensamiento de la India, será muy satisfactorio para mi Maestro.
El desea de mí que, al mismo tiempo, le haga saber que no debería usted sentir un escrúpulo tan exagerado al tomar de manos del señor Hume el trabajo que éste no ha terminado. Este caballero sólo quiere hacer lo que se adapta a su fantasía personal, sin consideración alguna hacia los sentimientos de los demás. Su actual labor —una pirámide de energía intelectual desperdiciada— sus objeciones y sus razonamientos, todo está calculado sólo para exonerarse. El Maestro deplora encontrar en él el mismo espíritu de absoluto egoísmo inconsciente sin consideración al bien de la Causa que representa. Si en cierto modo, parece interesado en ella, es porque encuentra resistencia y se siente impulsado a la combatividad. Así pues, la respuesta a la carta del señor Terry, enviada desde Bombay, debería haberse publicado en el número de enero. El Maestro pregunta si sería usted tan amable de ocuparse de esto. El Maestro piensa que usted puede hacerlo tan bien como el señor Hume, tan sólo con que lo intente, pues en usted, la facultad metafísica está sólo inactiva y se desarrollaría por completo si la despertara plenamente a la acción mediante su uso constante. Y en cuanto a nuestro reverenciado M., desea que le asegure a usted que el secreto del amor profesado por Hume a la humanidad radica y se basa en la presencia fortuita en esta palabra (Juego de palabras. En inglés Humanity y el principio del apellido de Hume, coinciden. En cambio, la palabra con el mismo significado "mankind", género humano, no tiene ninguna coincidencia. Es una ironía del M.M.-) de la primera sílaba, ya que él no siente ninguna simpatía por el "género humano".
Puesto que el Maestro no podrá escribirle personalmente durante uno o dos meses (aunque
usted siempre sabrá de él) —le ruega que prosiga con sus estudios metafísicos por consideración a Él, y que no abandone la tarea, desesperado, cuando se encuentre con ideas incomprensibles en las notas del Sahib M., tanto más cuanto que el Sahib M., si algo aborrece en su vida, es escribir.
En conclusión: el Maestro le envía Sus mejores deseos, rogándole que no Le olvide, y me ordena que firme yo mismo, su obediente servidor,
"EL DESHEREDADO".
P.D. Si usted desea escribirle, aunque no le pueda contestar personalmente, el Maestro
recibirá con placer sus cartas. Puede usted hacerlo por mediación de D.K. Mavalankar.
DD. (Abreviación de Disinherited (desheredado).)



domingo, 20 de diciembre de 2015

LAS CARTAS DE LOS MAHATMAS. CARTA N°. 36

LAS CARTAS DE LOS MAHATMAS.
CARTA N°. 36
Carta del Mahatma Morya a A. P. Sinnett.

CARTA Nº 36
Recibida hacia enero de 1882
Mi impaciente amigo —como alguien que tiene autoridad en su mella teosófica— permítame que le faculte a usted para "prescindir de las reglas" durante un breve tiempo. Hágales llenar las hojas e inicie a los candidatos inmediatamente. Sólo que, lo que vaya a hacer, hágalo sin demora. Tenga presente que usted es el único ahora. El señor Hume está totalmente absorbido en su índice, y espera de mí que le escriba y haga puja primero. Soy más bien demasiado alto para que él alcance tan fácilmente mi cabeza —si es que tiene alguna intención de cubrirla con las cenizas de la contrición. Ni tampoco me pondré una túnica de penitente para demostrar mi arrepentimiento por lo que he hecho. Si él escribe y plantea preguntas, muy bien, las contestaré; si no lo hace, guardaré mis lecciones para algún otro. El tiempo no cuenta para mí.
Recibí su carta. Conozco sus dificultades. Me ocuparé de ellas. La decepción de K.H. será grande si, a su vuelta, se encuentra con que se ha progresado tan poco. Usted es sincero; otros anteponen su orgullo por encima de todo. ¡Luego esos teósofos Prayag —los pundits y los Babus! No hacen nada, y esperan que nosotros mantengamos correspondencia con ellos.
Hombres insensatos y arrogantes.

M.

LAS CARTAS DE LOS MAHATMAS. CARTA N°. 35

LAS CARTAS DE LOS MAHATMAS.
CARTA N°. 35
Carta del Mahatma K.H. a A. P. Sinnett.

CARTA Nº 35
Carta de K.H. Recibida en Allahabad, el 18 de marzo de 1882.
Usted no ha entendido en absoluto el significado de mi nota del 11 de marzo, mi buen amigo. Yo dije que era fácil producir fenómenos cuando se daban las condiciones necesarias, pero no dije que sólo con la presencia de Olcott y de Mallapura en casa de usted se atrajera ese acopio de fuerza que bastaría para los experimentos que usted propone.
Estos últimos eran bastante razonables, desde su punto de vista. No le culpo en absoluto por pedirlos. Yo mismo, quizás, desearía que los obtuviera —para su satisfacción personal, no para satisfacción del público, pues, como usted sabe, el convencimiento en estos casos debe lograrse por la experiencia personal. Testimonios de segunda mano nunca satisfacieron realmente a nadie más que a las mentes crédulas, (o mejor dicho, a las mentes no escépticas).
Ningún espiritista que leyese, en su segunda edición el relato de los mismos experimentos que usted me ha mencionado, ni por un solo instante atribuiría los hechos a algo que no fuese la mediumnidad; y probablemente, su señora y usted mismo, serían incluidos por ellos en la lista de agentes mediumnísticos. ¡Imagínese tal cosa! No —espere su oportunidad; usted está reuniendo, poco a poco, los materiales para lo que nosotros llamamos aquí, como usted sabe, el verdadero dgiü (Verdadero conocimiento, distinto del conocimiento de lo efímero.—Eds.) sáquele el máximo de provecho. No son nunca los fenómenos físicos los que llevarán la convicción a los corazones de los que no creen en la "Fraternidad", sino más bien los fenómenos de la intelectualidad, la filosofía y la lógica, si puedo expresarlo así. Vea "Enseñanzas de los Espíritus" por + presentadas por Oxon —el más intelectual, así como el más culto de todos los médiums. Lea — y ¡compadézcase! ¿No ve usted, pues, a dónde queremos ir a parar, como dice Olcott? ¿No se da usted cuenta de que si no fuera por su intelecto excepcional y por la ayuda que de ello puede derivarse, el Chohan hubiera cerrado hace tiempo toda puerta de comunicación entre nosotros? Sí, lea y estudie, amigo mío, porque existe un propósito. Usted pareció molesto, decepcionado, cuando leyó las palabras:
"Imposible; no hay poder aquí; escribiré desde Bombay". Esas ocho palabras, me habrá
costado ocho días de recuperación para el trabajo —en el estado en que me encuentro
actualmente. Pero usted no sabe lo que quiero decir; queda usted disculpado.
No quiero ocultar las dificultades de la elaboración de su sistema por Grados. Yo deseaba que usted lo desarrollara a su comodidad, a medida que su espíritu le inspirara. Porque aún cuando usted no acertara por completo a formar un esquema que respondiera a las necesidades de Asia y de Europa, podría dar con algo que fuera bueno, tanto para uno como para otro continente, y luego otra mano podría suplir la parte que faltase. Los asiáticos son tan pobres, por regla general, y los libros tan inaccesibles para ellos en estos degradados días, que usted puede ver claramente de qué manera tan distinta debe ser concebido un plan para la cultura intelectual, en la preparación de los experimentos prácticos para desarrollar en ellos el poder psíquico. Antiguamente, esta necesidad era satisfecha por el Gurú que guiaba al chela a través de las dificultades de la infancia y de la juventud, y le procuraba con la enseñanza oral tanto o más alimento para el desarrollo mental y psíquico que a través de los libros. La necesidad de semejante guía, filósofo y amigo (¿y quién merece tan bien el triple título?) nunca puede ser reemplazada por más que se intente. Todo lo que usted puede hacer es preparar al intelecto; la inclinación hacia "la cultura del alma" debe ser educida por el individuo. ¡Tres veces afortunados los que puedan atravesar el círculo vicioso de la influencia moderna y ascender hasta más allá de las quimeras!
Volviendo a sus Grados.
¿No está usted trazando, demasiado vagamente, las líneas entre los tres o cuatro primeros grupos?
¿Qué pruebas aplica para decidir sus respectivos estados mentales?
¿Cómo precaverse contra la simple "memorización y contra el copiar y contra la sustitución de escritos?
“Muchos jesuitas listos podrían pasar todos sus Grados, incluso llegar hasta el sexo y el séptimo; ¿los admitiría, entonces, en la segunda sección? Recuerde las lecciones del pasado y a Cárter Black. Para quien haya pasado las primeras cinco etapas, es totalmente posible adquirir las "facultades ocultas" de la 6° —tal como dijo Moorad Ali Beg y tal como Olcott se lo confirmó a usted. Más aún, esto puede hacerse sin ayuda de estas etapas, ya sea adoptando el método de los Arhats, de los Dasturs, de los Yoguis o de los Sufíes, entre cada uno de cuyos grupos de místicos ha habido muchos que ni siquiera sabían leer ni escribir. Si se carece de la hipersensibilidad psíquica, ninguna cultura la facilitará. Y en la más superior de las escuelas teóricas y también prácticas de esta clase, es en la que nosotros, los asociados —sus atentos corresponsales— fuimos instruidos.
Todo lo que antecede no ha sido dicho para desanimarle, sino para estimularle. Si es usted un verdadero anglosajón ningún obstáculo aminorará su celo y, a menos que mi Ojo no se haya empañado —au fond— éste es su carácter. Nosotros tenemos una palabra para todos los aspirantes: INTÉNTELO.
Y ahora hablemos de su acceso de hilaridad el pasado septiembre acerca de los peligros
imaginarios para el que produce fenómenos, peligros que crecen en proporción a la magnitud de los fenómenos así producidos, y de la imposibilidad de refutarlos. Recuerde la prueba propuesta por usted de traer hasta aquí un ejemplar del Times. Mi buen amigo, si los triviales fenómenos (porque son triviales en comparación con los que sería posible y permisible realizar) demostrados por Eglinton provocaron tan amargo odio, al evocar ante él escenas de encarcelamientos, debidos a testimonios falsos, ¡cuál no sería la suerte de la pobre "Vieja Dama"! Ustedes son todavía unos bárbaros, a pesar de toda su ostentosa civilización.
Y ahora, a lo de Morya. (Esto es estrictamente reservado entre nosotros, y no debe revelarlo ni siquiera a la señora Cordón). Eglinton estaba preparándose para ausentarse, dejando en la mente de la pobre señora G. el temor de haber sido engañada; de que no existían los "Hermanos", puesto que Eglinton había negado su existencia, y que los "Espíritus" guardaban silencio sobre esa cuestión. Entonces, la semana pasada, M., mezclándose con cautela entre la heterogénea multitud, agarró a los espíritus por el pescuezo —y el resultado fue la inesperada aceptación de los Hermanos, de su existencia real y de la relación personal con el "Ilustre". La lección que se deriva de lo que antecede, para usted y los demás, puede ser de utilidad en el futuro —ya que los acontecimientos tienen que sucederse y desarrollarse.
Sinceramente suyo,

K.H.

LAS CARTAS DE LOS MAHATMAS. CARTA N°. 34

LAS CARTAS DE LOS MAHATMAS.
CARTA N°. 34
Carta del Mahatma K.H. a A. P. Sinnett.

CARTA Nº 34
Es absolutamente penoso verse uno tan sistemáticamente mal comprendido, ver que las intenciones de uno son interpretadas erróneamente, y todo el plan puesto en peligro por estos apremios continuos. ¿No vamos, pues, a merecer nunca ninguna confianza, sabiendo lo que llevamos entre manos, o no se nos va a conceder el beneficio de la duda —ante la falta de pruebas razonables de cualquier clase— de que nosotros hemos decidido "impedir el progreso" de la Sociedad Teosófica? El señor Hume sostiene que él no dice que "K.H. o cualquier otro hermano está equivocado". Con todo, cada línea de sus numerosas cartas, a mí y a H.P.B., respira un espíritu de descontento y de amarga acusación. Le digo, mi buen amigo, que él ¡nunca estará satisfecho, hagamos lo que hagamos! Y como nosotros no podemos consentir que se inunde el mundo ante el riesgo de ahogarlo con una doctrina que tiene que ser divulgada prudentemente, paso a paso, como si fuera un tónico demasiado poderoso, que lo mismo puede matar que curar —el resultado será una reacción de ese anhelo insaciable suyo, y entonces —bueno, usted mismo conoce las consecuencias. Incluyo dos cartas escritas por él y dirigidas a ella, con la intención de que yo las leyera. Bien; nosotros no podemos hacer nada mejor por el momento. La Sociedad nunca perecerá como institución, aunque puedan perecer las Ramas y los individuos que las forman. Últimamente he procurado complacerle a él más de lo que nunca hice con usted —y usted puede juzgar la situación en las caóticas, aunque razonables observaciones que H.P.B. dirige hoy al señor Hume.
Se nos debe dejar que juzguemos por nosotros mismos y permitir que seamos los mejores jueces. Todo se explicará y se divulgará a su debido tiempo, si se nos deja que lo hagamos a nuestra manera. De lo contrario, mejor es abandonar a la Ecléctica. ¡Recibí volúmenes de él durante la semana pasada! Le envío algunas notas por mediación de ella. Guarde ésta como confidencial.
Suyo,
K.H.



martes, 8 de diciembre de 2015

LAS CARTAS DE LOS MAHATMAS. CARTA N°. 33

LAS CARTAS DE LOS MAHATMAS.
CARTA N°. 33
Carta del Mahatma K.H. a A. P. Sinnett.

Carta de K.H. recibida por conducto de M., mostrada a A.B.
Sinceramente, temo que se haya quedado usted perplejo ante la aparente contradicción entre las notas recibidas por usted de mi hermano M. y las mías. Sepa usted, amigo mío, que en nuestro mundo, aunque nosotros podamos diferir en los métodos, nunca podemos actuar de modo distinto en los principios de la acción, y la aplicación más vasta y más práctica de la idea de la Fraternidad de la Humanidad no es incompatible con su sueño de establecer un núcleo de honrados investigadores científicos, de buena reputación, que aumentarían el prestigio de la organización de la S.T. a los ojos de las masas, y servirían como escudo protector contra los feroces y estúpidos ataques de los escépticos y de los materialistas.
Existen —incluso entre los hombres de ciencia ingleses— los que ya están preparados para ver que nuestras enseñanzas están en armonía con los resultados y los progresos de sus propias investigaciones y que no son indiferentes a que se apliquen estas enseñanzas a las necesidades espirituales de la humanidad en general.
Podría ser labor de usted lanzar entre ellos las semillas de la Verdad, y marcar la senda. Sin embargo, tal como mi hermano le recordó, ni uno solo únicamente de los que han tratado de ayudar en el trabajo de la Sociedad, por imperfectos y defectuosos que hayan sido sus procedimientos y sus medios, lo habrá hecho en vano. La situación le será más ampliamente explicada poco a poco.
Mientras tanto, utilice todo su esfuerzo en desarrollar esas relaciones con A. Besant para que el trabajo de ambos marche en líneas paralelas y con total comprensión; un ruego más fácil de satisfacer que algunos de los que le he hecho, a los cuales usted ha accedido siempre, lealmente. Si lo juzga conveniente, puede enseñarle esta nota, pero sólo a ella. En tanto que usted recorre su propia y espinosa senda, le digo otra vez: valor y esperanza. Esta no es una contestación a su carta.
Siempre sinceramente suyo,
K.H.



LAS CARTAS DE LOS MAHATMAS. CARTA N°. 32

LAS CARTAS DE LOS MAHATMAS.
CARTA N°. 32
Carta del Mahatma K.H. a A. P. Sinnett.

CARTA N° 32
Lamento todo lo que ha sucedido, pero era de esperar. El señor Hume ha puesto su pie en un avispero, y no debe quejarse. Si mi confesión no ha alterado sus sentimientos —estoy resuelto a no influir en usted y por lo tanto no me cuidaré de su modo de averiguar cómo se le presenta el asunto, amigo mío— y si usted no está por completo disgustado con nuestro sistema y procedimientos, en resumen, si todavía es su deseo continuar la correspondencia y aprender, hay que hacer algo para controlar a la irresponsable "Benefactora". Impedí que ella enviara a Hume una carta peor que la que le escribió a usted. Yo no puedo obligarla a que transmita las cartas que él me escribe a mí ni las que yo le escribo a él; y puesto que ya no me es posible confiar en Fem, y que difícilmente se podría sacrificar G.K., con algún sentido de justicia, a un hombre enteramente incapaz de apreciar ningún servicio prestado, excepto los suyos — ¿qué hemos de hacer nosotros en este caso? Puesto que nosotros mismos nos hemos mezclado con el mundo exterior no tenemos derecho a reprimir la opinión personal de sus miembros individualmente, ni de evitar sus críticas, por desfavorables que nos sean —de ahí la orden formal a H.P.B. para que publique el artículo del señor Hume. Sólo que, como quisiéramos que el mundo conociera los dos aspectos de la cuestión, hemos permitido también que la protesta conjunta en el Theosophist, de Déb, Subba Row, Damodar y unos cuantos chelas más —a continuación de la critica que él hace de nosotros y de nuestro sistema.
Yo le di a usted únicamente indicaciones de lo que, en algún otro momento, escribiré más detalladamente. Piense usted, entretanto, en las dificultades que se encuentran en nuestro camino; y si la amistad de usted hacia mí es sincera —no hagamos que nuestras cadenas se vayan estrechando y haciéndose más pesadas a medida que forcejeamos con ellas. Por mi parte, me arriesgaré voluntariamente a que se me considere un ignorante que se contradice, y a ser criticado en letras de imprenta en términos desmesurados por el señor Hume, siempre que usted aproveche la enseñanza y que, de tiempo en tiempo, comparta sus conocimientos con el mundo. Pero si he de expresarle mis pensamientos sin desfigurarlos, diré que no me gustaría arriesgarme de nuevo con ningún otro europeo que no sea usted. Como ve ahora, el contacto con el mundo exterior sólo puede acarrear dolor a aquellos que tan lealmente nos sirven, y descrédito para nuestra Fraternidad. No es probable que ningún asiático pueda sentirse nunca afectado por las egoístas embestidas del señor Hume contra nosotros (resultado de mi última carta y de la promesa precisa de que me escribirá con menos frecuencia y no tanto como ha venido haciendo); pero estas embestidas y estas críticas que los lectores europeos tomarán como una revelación y una confesión, sin sospechar nunca de dónde han surgido y por qué sentimientos egoístas fueron dictadas —esos ataques están calculados para hacer un gran daño— en un sentido que, hasta ahora, usted no ha sospechado. Habiendo resuelto no perder un instrumento tan útil (útil en cierto sentido, por supuesto), el Chohan se dejó convencer por nosotros para dar su aprobación a mi relación con el señor Hume. Yo le había dado mi palabra al Chohan de que él estaba arrepentido —de que era un hombre nuevo.
Y ahora, ¿cómo podré enfrentarme a mi Gran Maestro, de quien se hace burla, escarnio, y que está siendo objeto de la ridicula inventiva del señor Hume, que le llama Ramsés el Grande, y otros epítetos inadecuados por el estilo? Y emplea en sus cartas términos cuya brutal grosería me impide repetirlos y que han sublevado mi alma cuando los he leído; palabras tan sucias como para corromper el mismo aire que las toca, y que yo me apresuré a enviarle a usted con la carta que las contenía, para no tener así esas páginas en mi casa, llena de jóvenes e inocentes chelas, a los que yo quisiera evitar que jamás oyeran tales expresiones.
Luego usted mismo, amigo mío, influido en esto por él más de lo que usted sabe o sospecha —usted mismo deduce demasiado pronto que hay "contradicciones" donde no hay más que expresiones incompletas. La novedad o el aspecto incomprensible de cualquier hecho afirmado por nuestra Ciencia no es razón suficiente para calificarlo inmediatamente de contradicción y proclamar, como lo hace el señor Hume en su artículo, que él podría enseñar en una semana lo que consiguió de nosotros en dieciocho meses, porque el conocimiento de ustedes es todavía tan limitado que a él le resultaría difícil decir cuánto sabemos o no sabemos nosotros.
Pero me he alargado demasiado sobre este ataque irracional, ilógico y antifilosófico contra nosotros y nuestro Sistema. Algún día demostraremos la nulidad de las objeciones formuladas por el señor H. Puede que en el Municipio se le considere como un sabio consejero, pero a duras penas podría ser considerado como tal por nosotros. Me acusa de haberme valido de él para dar "ideas y hechos falsos" al mundo y añade que de buena gana se apartaría —que rompería con nosotros— ¡si no fuera por su deseo de beneficiar al mundo! Verdaderamente, es el método más cómodo de barrenar todas las ciencias, porque no hay una en que no abunden "hechos falsos" y teorías extravagantes. Sólo que, mientras las ciencias occidentales crean confusión, nuestra ciencia, más confusa aún, explica todas las aparentes discrepancias y concilla las más disparatas teorías.
Por lo demás, si usted le hace entrar en razón, pronto terminará todo —esta vez de modo irrevocable. No necesito confirmarle mi sincera consideración por usted y nuestra gratitud por lo que ha hecho aquí por la Sociedad —indirectamente por nosotros dos. Ocurra lo que ocurra, estoy a su servicio. Si hubiera manera, desearía hacer todo lo que pudiera por su amigo el coronel Chesney. Por consideración a usted, si se evita la crisis y se desvanece la negra nube —le instruiré a él tanto como pueda. Pero —¿no será demasiado tarde?
Siempre sinceramente suyo,
K.H.


LAS CARTAS DE LOS MAHATMAS. CARTA N°. 31

LAS CARTAS DE LOS MAHATMAS.
CARTA N°. 31
Carta del Mahatma K.H. a A. P. Sinnett.

Recibida en Londres el 26 de marzo de 1881.
Es desde las profundidades de un desconocido valle, entre los empinados riscos y glaciares de Terich-Mir —un valle nunca hollado por pies europeos desde los tiempos en que la montaña misma fue exhalada del seno de nuestra Madre Tierra— que su amigo le envía estas líneas.
Porque es allí donde K.H. recibió sus "afectuosos homenajes", y es allí donde él intenta pasar sus "vacaciones de verano". Una carta enviada "desde las moradas de las nieves y la pureza eternas", y recibida —"¡en las moradas del vicio;" . . . ¿Extraño, n'est ce pas?
¿Querría, o mejor, podría yo estar con usted en esas "moradas?"
No; por lo demás, estuve en diferentes ocasiones, aunque no en forma "astral" ni en ninguna otra forma tangible, sino simplemente en pensamiento. ¿No le satisface? Bien, bien; usted conoce las limitaciones a las que estoy sujeto en su caso, y debe tener paciencia.
Su futuro libro (El Mundo Oculto.—Eds.) es una pequeña joya, y pequeño e insignificante como es, algún día puede verse remontado tan alto como el Monte Everest se remonta sobre las colinas de Simla. Entre todas las otras obras de esa clase en la jungla de la literatura espiritista, demostrará ser, indudablemente, el Redentor ofrecido en sacrificio por los pecados del mundo de los espiritistas. Ellos comenzarán rechazándolo —aún más—, difamándolo; pero encontrará a sus doce fieles —y la semilla lanzada por su mano en el suelo de la especulación no crecerá tanto como la cizaña. Hasta aquí podemos prometer. Con frecuencia, es usted demasiado prudente; demasiado a menudo le recuerda usted al lector su ignorancia y presenta en el libro, tan sólo como una modesta teoría, lo que en el fondo de su corazón usted sabe y siente que es un axioma, una verdad primordial —y en lugar de ayudar al lector le deja perplejo— y crea la duda en él. Pero es un vivo y preciso relato y, como apreciación crítica de los fenómenos de los que usted fue testigo personalmente, es mucho más útil que la obra del señor Wallace. Es hacia esta clase de fuentes que los espiritistas deberían ser estimulados para saciar su sed de fenómenos y de conocimiento místico, en lugar de dejarles que se traguen la sarta de tonterías que se encuentran en Banners of Light y otras obras. El mundo —y me refiero al mundo de las existencias individuales— está lleno de esos significados latentes y de esos profundos designios que son subyacentes a todos los fenómenos del Universo y de las Ciencias Ocultas —es decir, la razón elevada a Sabiduría supersensorial— que es la única que puede facilitar la clave con la cual descubrir al intelecto esos significados y esos propósitos.
Créame, en la vida de un adepto llega un momento en que todas las dificultades por las que ha pasado son mil veces recompensadas. Para adquirir un mayor conocimiento, ya no tiene que recurrir a un minucioso y lento proceso de investigación y comparación de diferentes materias, sino que se le concede una instantánea e implícita percepción de toda verdad primordial.
Habiendo pasado la etapa de la filosofía que sostiene que todas las verdades fundamentales han surgido de un impulso ciego —ésta es la filosofía de sus Sensacionalistas y Positivistas— y dejando muy atrás esa otra clase de pensadores —los Intelectuales o Escépticos— que sostienen que las verdades fundamentales se derivan sólo del intelecto y que nosotros mismos somos las causas únicas que las originan, el adepto ve, siente y vive en la misma fuente de todas las verdades fundamentales —la Esencia Espiritual Universal de la Naturaleza, SHIVA el Creador, el Destructor y el Regenerador. Igual que los espiritistas actuales han degradado el "espíritu", así los hindúes degradaron la Naturaleza con sus conceptos antropomórficos de la misma. Sólo la Naturaleza puede encamar el Espíritu de la contemplación sin límites.
"Absorto en la absoluta auto-inconsciencia del yo físico, sumido en las profundidades del verdadero Ser, el cual no es un ser sino la vida Eterna y Universal", toda su forma, tan inmutable y blanca como las perpetuas cumbres nevadas en Kailasa, donde se asienta, más allá de toda ansiedad, de todo dolor, más allá del pecado y de las cosas del mundo, un mendicante, un sabio, un sanador, el Rey de Reyes, el Yogui de Yoguis: tal es el Shiva ideal de los Yoga-Shastras, la culminación de la Sabiduría Espiritual. . . . ¡Oh, vosotros, los Max Mullers y los Monier Williams, qué habéis hecho con nuestra filosofía!
Pero usted, difícilmente puede esperar disfrutar o ni siquiera comprender la mencionada phanerosis (Presumiblemente, quiere decir lo que se hace visible.—Eds.) de nuestras enseñanzas. Perdóneme. Rara vez escribo cartas, y cuando estoy obligado a hacerlo, sigo mis propios pensamientos antes que atenerme estrictamente al tema que debería tener presente. He trabajado durante más de un cuarto de siglo, día y noche, para conservar mi lugar dentro de las filas de ese ejército, invisible pero siempre activo, que trabaja y se prepara para una tarea que no puede aportar ninguna recompensa, a no ser la concienciación de que estamos cumpliendo nuestro deber hacia la humanidad; y al hallarle a usted en mi camino, no he intentado alistarlo —no tema— porque eso sería imposible, sino simplemente atraer su atención, excitar su curiosidad, si no sus mejores sentimientos, hacia la única y sola verdad. Usted demostró ser leal y sincero, y ha hecho lo mejor que ha podido. Si sus esfuerzos enseñan al mundo aunque sólo sea una simple letra del alfabeto de la Verdad — esa Verdad que en otro tiempo invadió todo el mundo— su recompensa no le será negada. Y ahora que usted se ha reunido con los "místicos" de París y de Londres, ¿qué piensa de ellos?
. .
Suyo,
K.H.

P.D.—Nuestra desventurada "Vieja Dama" está enferma. El hígado, los riñones, la cabeza, el cerebro, las piernas, todos sus órganos y miembros se resienten y se burlan de sus esfuerzos por ignorarlos. Uno de nosotros tendrá que "arreglarla", como dice nuestro digno señor Olcott, o ella lo pasará mal.